El Siglo

Los vientos que sembraron

Siguiendo a Thomas Jefferson he sostenido que la posibilidad de reformar una Constitución es un acontecimiento normal en la vida institucional de los Estados y no hay que temer su discusión. El quid está en aprovechar el momento histórico propicio –el “momento constitucional”, diría Ackerman— para realizarlo así como identificar el tema que lo justifique ante los ojos del pueblo soberano.

Los últimos acontecimientos nos exigen analizar si la propuesta de modificar el régimen consagrado a regular la administración de justicia debe ceder su prioridad a la reforma del régimen de partidos políticos y a la integración del Congreso de la República. ¿Cuál de las propuestas es la más urgente? ¿Se puede continuar con un Congreso anómalo como el actual? ¿Podemos confiar que el mismo abordará a cabalidad la reforma del sistema judicial? Me parece que no será posible lograrlo con quienes hoy lo integran. ¿Hubo error de perspectiva o ingenuidad de quienes propusieron aquella modificación? Inconducente es ahora recriminar cuanto se hizo a quienes lo hicieron. “Agua pasada no mueve molinos”, dice el refrán castellano.

Del actual sistema político depende en gran medida la solución de nuestros problemas, motivo por el cual es urgente y necesario reformar los artículos constitucionales 157 y 223 a fin de someter al orden constitucional a los partidos políticos ya que, hoy por hoy, lo han desbordado y desnaturalizado actuando como estructuras criminales. Es ahora, cuando parece que –por vez primera temen una nueva “depuración” del Congreso, que se presenta el momento adecuado y propicio para cambiarlo. ¡No perdamos esta oportunidad!

Baste como muestra recordar que es la Ley Electoral y de Partidos Políticos, comparada con las otras leyes de rango constitucional (Amparo, Exhibición Personal y de Constitucionalidad, Emisión del Pensamiento y Orden Público) la que ha sido modificada el mayor número de veces; y si esto fuera poco, muchos de sus cambios han repercutido en la modificación parcial de estas otras leyes sin haber seguido el procedimiento establecido por nuestra Ley Suprema. Y todo por la conveniencia desmedida de los partidos políticos que hoy están en el poder.

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