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Mayen Felipe Mérida

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NUEVO

El lunes pasado enterramos a Mayén Felipe Mérida Cifuentes, al mismo tiempo que a su esposa Miriam Ruiz Corzantes y su hija Astrid Lissette Mérida Ruiz.  El viernes por la noche sufrieron un trágico accidente automovilístico.  En el Cementerio, lamentando su muerte, un amigo me dijo, no hay que recordar cómo murió sino cómo vivió.  Eso pretendo con estas líneas que honran a una persona que vivió virtuosamente, un héroe guatemalteco y ejemplo de vida en esta convulsionada Guatemala.

Mayén era una persona llena de vida.  Lo conocí en 1986 cuando fue mi profesor de Contabilidad financiera y Contabilidad de Costos en ESEADE (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) de la UFM (Universidad Francisco Marroquín).  Me disfruté esos cursos por la forma en que Mayén enseñaba.  Él fue un gran profesor, fue muy didacta.   Tenía un interés genuino en que los demás comprendieran bien lo que explicaba y se esforzaba para hacerlo fácil.

Años después, entro a trabajar en el grupo de empresas donde trabajo, Grupo Polytec, y desde el inicio se ganó el respeto y apoyo de todos los gerentes.  Cuando hablaba Mayén todos escuchaban con atención.  Siempre venía con temas bien estudiados.  Sacaba sus hojas llenas de números y se ponía a explicar donde había ineficiencias que mejorar y nos presentaba cómo íbamos a la fecha.  Llegó a ser el Contralor General del Grupo aunque era algo más que eso pues se involucraba en toda capacitación y actividad que teníamos en la empresa.  Llegó a ser uno de los brigadistas de la empresa y a sus 70 años era el más entusiasta de todos.  Estaba orgulloso de serlo.  Tan querido era por todo el equipo de brigadistas que pidieron permiso a sus familiares para colocar sobre el féretro su chaleco de Brigadista.

Sus conocimientos en temas financieros y gerenciales eran enormes pero su forma de ser, su pasión por lo que hacía, su modo amable y risueño y sus buenos días llenos de entusiasmo hacían que uno quisiera llegar a la empresa con ánimo y ganas de trabajar.  Su energía y actitud era contagiosa.  Era su forma de vida, con una enorme experiencia de vida amaba lo que hacía y lo expresaba.  Era ejemplo de disciplina, ética y amor por su trabajo y su familia.  Se preocupaba genuinamente por su gente y siempre trataba de apoyarles.  Le indignaban las injusticias y el desmadre que ocurre en Guatemala con la corrupción, los bloqueos y la falta de certeza jurídica.  Siempre discutíamos sobre el papel del gobierno en una sociedad civilizada y coincidíamos en que nuestro gobierno era un lastre que frenaba nuestro desarrollo.

Era un apasionado por la libertad.  Ahí estaba con su esposa y a veces con su hija protestando de blanco en favor de la justicia, la libertad y la vida.  Recuerdo una vez que nos juntamos para apoyar a las damas de Blanco.  Y era un lector incansable.  Siempre nos regalaba un libro para Navidad pero nos explicaba más o menos de qué se trataba para entusiasmarnos.  El pertenecía a un club de lectura.  Le encantaba intercambiar libros.  Lo hacía con la hija de una de los gerentes de la empresa que llegó a apodarle “El señor de los Libros”.   Cuenta que no dejaba de ir a FILGUA.  Le encantaba participar, conocer a los autores.

Podría escribir mucho de Mayén pero no hay más espacio.  Terminaré con lo que me dijo una de los Gerentes de la empresa y que refleja el sentir de quienes le conocimos: “…se reía mucho, amó viajar, amó leer, amó trabajar, amó a su familia y también fue feliz en Polytec, hará una falta enorme, pero que orgullo debe sentir donde esté al ver todos los sentimientos de cariño que cultivó.”

TEXTO PARA COLUMNISTA

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