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Aprender a vivir juntos

Columnista

La construcción de la democracia en Guatemala no es la apropiación del Estado por uno o varios grupos para su beneficio y para accionar contra el resto. Es, a la vez, la construcción de lo público y de lo privado. No es el dominio del sector privado sobre lo público en lo económico, educativo, social y político. Son dos espacios diferentes que tienen que estar relacionados entre sí. Por ejemplo, el financiamiento de las campañas políticas, la organización y fortalecimiento de los partidos políticos. Esto es responsabilidad de todos los sectores. Tiene que construirse un acuerdo entre los sectores económicos, el gobierno y la sociedad civil. La transparencia del financiamiento de los partidos por parte del Estado es una condición para el fortalecimiento de la democracia, entendida como la convivencia entre iguales o sea, entre ciudadanos.

La composición étnica e histórica de este país está basada en la desigualdad y en la diversidad de culturas, lo cual hace más complejo el diálogo y el acuerdo nacional, pues además de lo anterior, se entrecruza con los orígenes de la colonización española, integrada por grupos sociales que solo buscaron el enriquecimiento individual, no la convivencia pacífica con las culturas originarias, sino su dominación, esto unido a que las culturas indígenas también fueron històricamente organizaciones piramidales a partir del concepto religioso.

Cinco siglos después la situación en Guatemala es sumamente compleja, por un lado un gran enriquecimiento de pequeñas élites que no muestran ningún interés por la democracia, ni por el desarrollo y progreso material y social que incluya a grupos empobrecidos por la explotación, los bajos salarios, escasa demanda laboral y malas condiciones de vida. Un Estado débil y una nacionalidad multicultural casi inexistente. Las viejas élites enriquecidas por métodos tradicionales, junto con los nuevos grupos hegemónicos tratan de mantener esta situación, pues de lo contrario perderían sus  beneficios.

La solución que tiene este país es aprender a vivir juntos como lo propone la teoría educativa desarrollada por la UNESCO que concibe a la educación como la posibilidad para aprender a solucionar los conflictos de manera pacífica, fomentando el conocimiento de los demás, de su cultura y su espiritualidad frente a la actual atmósfera competitiva  imperante en la actividad económica de cada nación que a nivel internacional privilegia el espíritu de competencia y el éxito individual.

La salida a esta situación puede ser dar a la educación dos orientaciones complementarias que son: 1) el descubrimiento del otro en todos los órdenes de la vida y 2) tender hacia objetivos comunes. El descubrimiento del otro considerado como parte del conocimiento de sí mismo, pues los demás son parte de mi existencia, es lo que hace posible el conocimiento desde la comprensión. Y el tender hacia los objetivos comunes permite superar los hábitos individuales y valorizar los puntos de convergencia, por encima de los aspectos que nos separan, para dar origen a un nuevo modo de identificación que es el nosotros como base para una convivencia posible y sostenible.

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