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Tormentosas lecciones de humanidad

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COLUMNISTA

A lo largo de mi vida, principalmente laboral, he conocido personas con diversos oficios, desde obreros descalzos hasta presidentes, lo cualconsidero me ayuda a ver la existencia desde varios ángulos.  Aquellos con quienes consideroque sí fue un privilegio elcoincidirpreparandoun téde madrugada en la oficina, o con quienes conversé toda la nocheen un muelle –juntos con casco, chaleco y botas puestas- mientras un barco granelero se descargaba durante 16 horas continuas de operación, otros que me transportaronrespetuosos y amables en carro o a quienes escuchédarme un tímido pero sonriente “buenos días” al inicio de la faena, abriéndome una puerta peroquizá llevando ese día una pena en hombros.  Este mosaico devidas me  permitió ver más allá de una cara y un cuerpoal ser humano con sueños, alma, con una historia detrásdel instante en que nos encontramos,conluces y sombras comunes de nuestra frágil existencia.

Casi siempre, he terminado de conversar con los ojos llenos de agua, el pecho hinchado de indignación o la espalda doblada por la decepción de saber que nacer en Guatemala ya implica para buenaparte de seres humanos el tener que enfrentarse a una serie de dificultades insalvables de nuestro conflictivo entorno social, político y económico,  ya que el país -como territorio-sí lo da todo.

La sorprendente temporada de huracanes que atraviesa el Atlántico me permitió observar en internet el comportamiento que han manifestado los habitantes de los territorios que quedaron al paso de estos espeluznantes fenómenos que dejaron islas que eran paraísos convertidos en basureros de madera y metal flotante.  Me  admiré al ver que en Puerto Rico hay un fervor patrio latente que atraviesa hasta las ondas del internet, que hace de los servidores públicos en su país verdaderos “héroes” –porque lo son- al seguir trabajando en condiciones de clima  desfavorables y peligrosas para restablecer,en pleno vuelo, servicios como la luz y el agua.  Mapas y banderas de la pequeña –pero grande- isla y múltiples reconocimientos aclamando a sus compatriotas circulan en la red.

En las Islas Vírgenes Británicas, el millonario dueño de “Virgin Airways” llegó justo antes del paso de “Irma” para armar un refugio relativamente seguro para sus paisanos y enfrentar la tormenta con ellos, como el Capitán de la nave, que no la abandona.  En Houston, los menos damnificados no vacilaron en poner suslanchas a flote con sus propios recursos para rescatar víctimas. ¡Ver estas imágenes es una verdadera lección de humanidad, de fervor patrio y compasión!  Es el sentimiento que, se supone, debería reinar en un mundo “civilizado” en la era posmoderna, ¿no?

¿Qué nos pasó en Guatemala, que perdimos ese espíritu? ¿Cuándo dejamos de estimar a los servidores públicos y considerarlos héroes?¿Cuándo dejó de importarnos el sufrimiento ajeno? ¿Qué grandes escombros nos impiden soñar, vivir y trabajar en este suelo tan rico?¿Por qué dejamos de tener una bandera en casa?

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