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Cristo mutilado por la guerra será bendecido por el Papa

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170907 CRISTO COLOMBIA

Quince años después de que una bomba matara a decenas de personas en la iglesia del pueblo de Bojayá, sobrevivientes de la masacre sacaron de la selva a su Cristo mutilado para llevarlo ante el papa Francisco, quien tratará de sanar las heridas que dejó el conflicto de más de medio siglo que aún divide a los colombianos.

El modesto crucifijo de yeso sin brazos ni piernas y con rastros de metralla viajó durante varios días en barco, avión y autobús desde la modesta localidad de Bojayá, en el Pacífico, hasta Villavicencio, la ciudad elegida por Francisco para orar por la reconciliación por su cercanía con los territorios que vivieron algunos de los enfrentamientos más sangrientos del conflicto.

El encuentro del viernes entre supervivientes y excombatientes es uno de los hitos del viaje de cinco días del papa al país sudamericano para consolidar el acuerdo de paz entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), hoy convertidas en un partido político.

170907 CRISTO COLOMBIAFoto: Archivo AP / Ricardo Mazalan

Esta foto de archivo del 8 de mayo de 2002 muestra una iglesia destruida en Bojayá, en el noroeste de Colombia. La iglesia fue atacada por morteros caseros lanzados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) durante combates con paramilitares. Al menos 79 personas murieron.

“Este es el Cristo de la paz. Ha mostrado cómo se puede reconstruir una persona porque es una imagen que te dice ‘mírame’, caído, sin piernas, sin manos y ensangrentado como su pueblo. Pero hay que seguir adelante, no quedarse arrodillado llorando”, dijo a The Associated Press, Rosa de las Nieves Mosquera, de 52 años, durante su peregrinación desde Bojayá hasta Villavicencio.

La mujer conserva las cicatrices de las heridas de aquel día de 2002 en el que una bomba de las FARC cayó en la iglesia donde cientos de campesinos se refugiaban de los enfrentamientos entre los paramilitares y los rebeldes. La iglesia era el único edificio con paredes de hormigón y les parecía el lugar más seguro del pueblo. En el ataque murieron al menos 79 personas que fueron enterradas en una fosa común, según contaron los sobrevivientes.

Esa mañana Mosquera estaba con sus hijas en la parroquia. Cerró los ojos un momento y cuando los abrió todo estaba cubierto de sangre. “El perdón es un camino largo”, dijo, “pero la reconciliación la debemos hacer porque cuando aprendamos a perdonar, viviremos mejor”, apuntó la teóloga que se dedica a atender a las víctimas en el todavía convulso departamento de Chocó.

La iglesia ha sido reconstruida y como en muchos de los lugares más golpeados por el conflicto armado su población quiere pasar página. En un plebiscito el año pasado, 96% de los residentes apoyó el acuerdo de paz por las FARC, mientras una mayoría sobre todo urbana y alejada de la guerra rechazó el pacto. En noviembre el acuerdo fue modificado y aprobado por el Congreso.

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