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Presupuesto abierto y los programas sociales

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COLUMNISTA

Resulta interesante la oportunidad para los distintos ministerios de gobierno expresar o plantear sus requerimientos presupuestarios para el año 2018; ante el colectivo nacional, en el marco del recién iniciado  ejercicio de ´Presupuesto Abierto´. Cuyo proceso  concluirá con la aprobación del mismo por parte del Congreso de Guatemala, a más tardar el 30 de noviembre del presente año 2017. Aunque desde el punto de vista de transparencia y rendición de cuentas, el ejercicio es una muestra de democracia dentro del despertar del desarrollo social del Estado de Guatemala. El desencanto estaría en el financiamiento.

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En ese sentido, la frustración podría suscitarse debido la crisis fiscal que desde varias décadas adolece el organismo recaudador del Estado sumado a la proyección presupuestaria para 2018 que podría ascender a 83 millardos de quetzales. Si bien es cierto que el actual organismo recaudador fiscal ha dado muestras de avances en los niveles de recaudación; también debe reconocerse que hace falta potenciar ese esfuerzo de parte del Estado con la finalidad de apoyar para que los recursos puedan equipararse al mínimo de necesidades que tiene la población guatemalteca. Principalmente en el área rural  con fuerte énfasis en el género femenino y la niñez adolescente que encuentran muy pocas oportunidades de desenvolvimiento.

Guatemala, tal como muy bien está diagnosticada, es un país que aún no sale del sector primario de producción ya que no ha diversificado sosteniblemente los procesos de producción; consecuentemente, la economía guatemalteca –apartando el tema de las remesas- depende de los precios de las materias primas (commodities) o productos básicos.  Esto se agrava; ya que a nivel del hemisferio, los precios bajos del petróleo y las fluctuaciones erráticas de otros productos no elaborados -minería, vegetales, turismo mal planificado y productos forestales- unido a la desaceleración (ralentización) de la economía china marca un débil crecimiento en la región; cuyas olas de estancamiento económico, podrían bañar las fronteras patrias.

Es por ello, que el presente artículo pretende enriquecer palabras persuasivas para que dentro del ejercicio presupuestario -2018,  se efectúe la mejor priorización en la asignación de los escasos recursos del Estado en favor de aquellas entidades que realmente sustentan una misión hacia el desarrollo social centrado en acciones prácticas que hacen mover hacia arriba el bienestar de la persona Humana (no muy elegantemente llamado “El Capital Humano”). Ya que países que viven en situación de vida cuya constante es: “el escaso recurso disponible en el bolsillo”, prefieren hablar de ´desarrollo de la persona Humana´; evitando la palabra “Capital”.

Nuevamente; acá, se destacan cuatro ministerios pero siempre que en el Congreso se desactiven aquellos candados que transgreden el principio internacional: “de no regresividad y de progresividad de los Derechos Sociales”; en este caso, sustentados por los programas de los ministerios de Agricultura, Ganadería y Alimentación -Maga- y de Desarrollo Social -Mides-. Pudiendo además, ser estos, bien acompañados por otros dos ministerios. El de Educación y el de Salud Pública y Asistencia Social -Mspas- tenidos como los cuatro principales motores que procuran (si tienen el presupuesto necesario) dar cumplimiento a los Objetivos <<sociales>> de Desarrollo Sostenible ODS de las Naciones Unidas, horizonte que no debe perderse de vista ya que –según cifras del PNUD- Guatemala tiene marcadamente un déficit en los Indicadores de Desarrollo Social IDS en comparación a los países de la región. Con excepción de Haití; cuya economía, sin embargo, en los últimos años ha venido creciendo a ritmos mayores al cinco y seis por ciento.

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