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Algún día en Madagascar

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Algunos, haciéndose los incautos, se preguntan qué pendientes puede tener el presidente Jimmy Morales contra Iván Velásquez y Thelma Aldana, como si nada fuese el que su hijo y su hermano estén sujetos a un proceso penal injusto, que ya los hizo pasar por la cárcel y que podría regresarlos a ella ya sentenciados.  A pesar de eso, los motivos que el presidente expuso como las causas que lo llevaron a nombrar non grato al colombiano son claras y alejadas de cualquier sentimiento de venganza, y se percibe en ellas un planteamiento preciso de los abusos de Velásquez al frente de la Cicig.

La popularidad del colombiano va disminuyendo con cada día que pasa. El apoyo público que recibe es del tamaño de su batucada, y por eso comienzan a hacerse más notorias las upas de renombrados terroristas de la época del enfrentamiento armado y de los empresarios que han logrado comprar impunidad sacrificando a sus pares y pagando mercenarios en la prensa, algunos de estos incluso con demostrados vínculos con prófugos de la justicia por su participación en la corrupción del gobierno de Pérez y Baldetti.

El colombiano acepta lo que sea sin importar de dónde venga. Incluso se vale el respaldo de algún heredero de la monumental corrupción de la época de Lucas, cuya fortuna tiene raíces tan corruptas que dieron lugar, en parte, al golpe de Estado del 23 de marzo de 1982. En resumen; terroristas, corruptos y mercenarios, son quienes todavía acuerpan al colombiano. Muchos de ellos son los mismos  que exigieron un rompimiento constitucional poco antes que la elección de Alejandro Maldonado Aguirre como presidente no los dejara con otra opción que esperar la próxima oportunidad, que ahora se les presenta con un volumen mucho más bajo en medio del remolino que sacude el país.

Es importante señalar la relevancia de los actores secundarios en la crisis política   en la que estamos inmersos, con Thelma Aldana a la cabeza, porque los magistrados, jueces y fiscales que aceptaron las presiones del colombiano sin denunciarlas, son tan responsables como él, lo mismo que la prensa que participó en la corrupción del gobierno de Otto Pérez Molina, y que hoy, impunidad de por medio, le sirven como caja de resonancia a los sordos estertores de Iván Velásquez.

La responsabilidad del secretario de la ONU Antonio Guterrez en esta crisis, tampoco se puede soslayar, ya que su obcecación al mantener al colombiano Velásquez en su cargo la aviva, al mismo tiempo que sienta un precedente ante el mundo, en el sentido que un funcionario de las Naciones Unidas se sometió a los designios de un tribunal del país en el que estaba destinado, lo que podría redundar en que, en un futuro, un juez de un país del Asia, de África o de donde sea, pueda dictar contra un funcionario de la ONU una orden de captura, debido a que en Guatemala ya las Naciones Unidas se sometieron a una resolución judicial.

Quién sabe, de repente algún día las noticias nos sorprendan con que el colombiano Velásquez se pudre en una cárcel de Madagascar.

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