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Redes de manipulación o redes de esperanza

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COLUMNISTA

De las primeras manifestaciones sociales organizadas en redes digitales como protesta está la acontecida alrededor del primer Foro Social Mundial, en Brasil, en 2001.  De forma simultánea, se llevaron a cabo manifestaciones convocadas en otros continentes para discutir esa agenda.  “No estamos en una época de cambios, sino ante un cambio de época”, afirman estudiosos de la sociología y de las comunicaciones.

Así como los descubrimientos de la pólvora, imprenta, brújula y las máquinas dieron paso a la industrialización, hoy somos testigos del desarrollo de la revolución tecnológica. Las mismas expectativas de incertidumbre, miedo, en contraposición con los sentimientos de esperanza por un mejor futuro, nos invaden hoy.  La rapidez de la información sin censura, libre asociación, reunión y libre petición marcan este cambio de época.

En Guatemala fue palpable en positivo desde “La Plaza” en 2015, cuando creímos que la exigencia no negociable de renuncia de dos gobernantes marcaba el inicio de los cambios de fondo que el país necesita.  ¡Fuimos tan felices!

En buena parte, el cambio sí comenzó. Los tambores de justicia sonaron fuerte   encabezados por una Comisión Internacional que vino como producto del fracaso interno en la administración de justicia, admitámoslo. No puede haber Soberanía en donde no hay Justicia.  ¿Qué ha pasado?  En relación con ese fenómeno digital de transformación, en gran parte se ha hecho un uso libre pero sin ética de estas redes para promover el sentimiento separatista que garantiza victoria, mientras aún no hay una hoja de ruta nacional.

La responsabilidad de los comunicadores es crucial para la reconstrucción del país. Al no ser expertos en los temas que algunos osan afirmar, acarrean consecuencias que solo contribuyen al deterioro de la fatal condición política, social y moral en que nos encontramos como país. Se desea manipular la opinión pública, cuando el resto de Guatemala pide una tregua para planear y actuar con sensatez.

Esta nación tiene hambre y sed de Justicia y atención a los problemas del subdesarrollo.  Llegó al hartazgo y se aferró a dos figuras como la Fiscal del MP y el Comisionado de CICIG –algo comprensible psicológicamente- porque difícilmente se habría desmantelado una monumental red de corrupción como “la línea”, ¡que campeó con descaro a lo largo de décadas y que llegó a poner a sus cabecillas como gobernantes!  ¿Habrá vergüenza más grande que esa?

Aunque no es bueno idealizar a ser humano alguno en que tanto somos falibles, definitivamente los ciudadanos comunes no podemos tomar partido por el camino de la degeneración que ya llevábamos como nación.  Cualquier Fiscal o Comisionado deberían en todo caso trabajar por el mismo fin, de haber cambios.

Como una ciudadana más, estoy con las redes de esperanza, por un país sin corrupción, administrador de la recta y pronta Justicia para que pueda atender los problemas estructurales de la nación.

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