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Pensar con el corazón

COLUMNISTA

En la actualidad existen motivos para revisar los mejores momentos vividos y cuáles son las expresiones y prácticas que merecen análisis debido a su importancia para alcanzar la plenitud de vida.  La gente afirma que se piensa con la cabeza porque hace uso de la razón para orientar el diario vivir.  Con este pensamiento es constante escuchar que “cada cabeza es un mundo” ya que una persona interpreta su mundo circundante a su manera. En la cotidianidad y en el contexto de la cultura de los pueblos originarios de nuestro país, especialmente en la cultura maya, hay expresiones que reconocen que también se “piensa con el corazón”, “te voy a hablar con el corazón”, “ahora te habla mi corazón”, expresiones estas que se utilizan hasta nuestros días.

Se piensa con el corazón en un diálogo entre personas que deben vivir en armonía, con respeto, con aprecio por el entorno inmediato y la práctica de hechos que fomentan actitudes de afecto.  Una madre de familia cuando habla a sus hijas e hijos, abre el discurso anunciando que “es un momento en que el corazón les va a hablar” “porque ustedes deben de cuidarse, deben practicar el afecto entre hermanas y hermanos, es preferible vivir con amor y con respeto”.

Pensar, hablar y actuar con el corazón quiere decir que es necesario formar a las futuras generaciones con amor de manera que en el presente y el futuro de las familias, de las comunidades y de los pueblos se lleve a la práctica valores como el respeto y el cariño por la vida.

“Cómo me duele el corazón” dicen las mujeres y los hombres cuando suceden hechos como la falta de respeto a un anciano o a una anciana, cuando no se respeta a papá y a mamá, cuando se maltrata a un perro, cuando se usan palabras que hieren los sentimientos de otra persona y cuando se excluye a alguien de alguna actividad.  En estos hechos, se le atribuye al corazón regular actitudes y emociones que tienden a cultivar relaciones de ternura y amor.  Cuando se reciben respuestas de otras personas que indican maltrato y violencia, las personas recurren a decir que “cuidado, por favor, no lastimes mi corazón”, o en momentos en que un hijo alza la voz al dirigirse a mamá, esta dice, “hijo, no me levantes la voz porque lastimas mi corazón”.

Hay que aprovechar la riqueza de oportunidades que tiene nuestro país para averiguar a profundidad las prácticas cotidianas que son controladas con el impulso del corazón y que sus efectos redundan en beneficio de la salud, el bienestar, la alegría, el amor y estima para todas y todos.  Será de identificar cómo se educa con el corazón, los momentos propicios, actores que intervienen y el discurso adecuado. Las referencias de este tipo de formación todavía quedan a nivel de campo, especialmente al interno de familias pertenecientes a la cultura maya y otras.

Es del conocimiento de todos que a diario hay muertes, extorsiones, injusticia, odio, discriminación, racismo, entre otras prácticas.  Esto justifica que el amor, el afecto, el cariño y la ternura deben ser parte de la formación de nuevas generaciones para complementar esfuerzos dedicados a pensar con el corazón. Pensar con el corazón una práctica antigua para problemas actuales.

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