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La oportunidad perdida

COLUMNISTA

Guatemala vive momentos de caos e incertidumbre. Muestra todos los síntomas de un Estado fallido. Miles de voces y movimientos en las calles protestando contra un gobierno ajeno a sus necesidades. El presidente, el jefe de la nación, el encargado de dar orden y espacio a los fundamentos de la democracia, como un energúmeno genera el caos y la confrontación ciudadana.

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Es el momento que del odio y la confrontación surja un modelo de desarrollo diferente. Un Estado fallido es un país fracasado. Guatemala ocupa los últimos lugares en bienestar social del continente, es también de los países improductivos. Muestras una gama infinita de riquezas humanas, históricas, naturales y a la par una confrontación eterna entre todos y cada uno de sus ciudadanos.

Y es que la heterogénea nación guatemalteca parece que vive en un caos eterno. Es un país cuyas características superan cualquier idea de complejidad. Aunque Guatemala va a celebrar pronto su 200 aniversario de independencia, el concepto resulta confuso, pues tenemos 200 años de querer construir una república, que para nosotros no ha pasado de ser una linda ilusión. Este pensamiento no tiene nada de nuevo, lo escandaloso, lo insólito es que ya nos acostumbramos a vivir en la penumbra.

El problema central es que queremos construir un país unido, próspero y solidario de la nada. El chapín no se identifica con el Estado, no tiene nación.  Al existir un sinnúmero de etnias o naciones -algunos dicen que son 34- conviviendo en un único Estado, no se logra generar pensamientos y tendencias comunes. El guatemalteco no confía en el gobierno, inepto o corrupto; tampoco confía en sus amigos y colegas, no es un ser social, es un ser individual entre etnias separadas por la tristeza y la frustración.

En el momento actual es necesario que todas las fuerzas enfrentadas, ya sean mal llamadas de izquierda o derecha, pongan fin a sus odios seculares y que el país se proponga una misión común: construir un país productivo, solidario, unido en la diversidad, pacífico, democrático y progresista. De la actual confrontación e incertidumbre tiene que surgir un proyecto país. Una agenda de desarrollo que permita que Guatemala se convierta en una nación ejemplar por su respeto a la naturaleza, por la convivencia pacífica de sus habitantes y el fortalecimiento institucional. Es el momento de construir un nuevo Estado.

El futuro es ahora. Tenemos que invertir el 10% del PIB en educación primaria y secundaria. Las metas son claras: que Guatemala tenga en 10 años una alfabetización del 95% de toda la gente, queremos un país pluralista, que el trato personal no sea soez, que la expectativa de vida alcance los 80 años, que se extingan la corrupción, la violencia y el retraso.

Como dice Christine Lagarde en su último discurso, “…los funcionarios corruptos, los evasores fiscales y quienes financian el terrorismo tienen algo en común: suelen aprovechar las vulnerabilidades de los sistemas para facilitar sus delitos.”

Que la celebración del 200 aniversario de la patria sea un momento de unidad y orgullo, y no de confrontación y muerte.

TEXTO PARA COLUMNISTA

 

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