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Manual para crisis

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A un político se le puede escoger por mucho criterios que van estableciendo una jerarquía de criterios idóneos.  Pero lo que no se puede sacrificar es, la experiencia política. Porque cuando se enfrentan crisis,  de gabinete, de imagen, de medios, de gobierno,  de gobernabilidad o diplomáticas,  lo menos que se desea es la improvisación.  O la actitud de esconderse como avestruz.   Lo cual dicho sea de paso ha sido la actitud del Presidente Morales durante toda su gestión.  Las últimas 96 horas han sido el mejor ejemplo de lo anterior.   El pasado día Míércoles el país se despertó con un rumor, con un simple rumor: La aparente intención del Presidente por Morales por plantear una inconformidad con relación a la gestión del Comisionado Velázquez.  Si lo anterior se haría de forma oficial (aunque Naciones Unidas no tenía registradas previas quejas),  o si se haría de forma no oficial en realidad era lo menos.  El punto es que, la administración Morales prefirió el silencio en lugar de aclarar las cosas.    Llegado el día Jueves, se había pasado de tener un rumor a tener una aparente crisis diplomática. Y el día viernes,  una crisis política.

No es muy complicado lo que debe hacerse frente un rumor.  Bastaba simplemente una conferencia de prensa (de preferencia otorgada por el Presidente)  en la cual dejaba en claro que no había tal intención contra el Comisionado Velázquez (lo mismo que los comunicados oficiales tardíamente expresaron llegada la noche del viernes).  Con un poco más de colmillo, podría perfectamente haberle visitado, tomarse una foto y dejar en claro que aunque puedan existir diferencias, no hay malas intenciones.    En lugar de esto, se optó por un prolongado silencio oficial y una pésima conferencia de prensa que lo único que mostró (lo que no debía haber hecho) era que, en efecto hay molestia oficial contra el Comisionado, la labor de CICIG y una animadversión contra la Fiscal del MP.  Por mucho que todo pueda ser verdad,  la estrategia racional es no mostrar dichas intimidades ante la opinión pública.   Es decir, el Presidente Morales pudo haber viajado a ciudad de Nueva York dejando todo en claro y luego reconfirmarlo por vía de los canales oficiales.  Pero el silencio oficial y la mala gestión de información, sumado a la irresponsabilidad mediática por especular escenarios citando fuentes anónimas sólo contribuyó a generar caos.

De nuevo, cuando hay un rumor, lo lógico es desactivarlo,  no generar una bola de nieve incontrolable.  La improvisación y las reacciones emotivas parecen primar.  Esto también aplica para las primeras declaraciones de la Fiscal Aldana.  Excepto ella tuviera el conocimiento oficial sobre la voluntad expresa del gobierno para plantear la queja en la reunión con el Secretario General Guterres,  la reacción de manual era decir: ´desconozco si existe dicha intención por parte del Presidente yo seguiré cumpliendo mis funciones´. Lo mismo se puede decir sobre la secretividad con la que se manejó la información sobre el viaje a NY. En  cualquier país, la agenda del presidente se hace pública.

El ir y venir de rumores, la bola de ´fake news´ y la falta de certeza son solamente parte del resultado – entre otras cosas-  del discurso que primó la política electoral guatemalteca.  El cargo de Presidente no es para cualquiera.  Experiencia y colmillo son necesarios.

Dicho sea de paso si el Presidente Morales en serio tenía la intención de oficializar la queja, y si en serio quiere declarar non grato al Comisionado,  alguien debería explicarle que no tiene partido, no tiene bases,  no tiene apoyos y el sector privado organizado se desmarcó de su aparente intención.   Está jugando un juego que no ganará.  Pérez Molina lo intentó y le fue muy mal.

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