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Confianza versus corrupción

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La confianza es el sentido de no dañar la credibilidad y  tratar a otros como sujetos autónomos. En la práctica, algunos  se creen listos,  porque siempre calculan en función de sus intereses personales,  contrario a los cautos, inteligentes, solidarios  y prudentes. Y esto  acontece con algunos políticos, que  han demostrado ser imprudentes  y han destruido  la credibilidad  ciudadana. Lo peor  es que en  la sociedad crecen los  incrédulos y un mundo lleno de recelos, es un mundo inhabitable.

Así, hoy  se genera una preocupación por la ética. Existe la bioética, ética ambiental,  acciones comunitarias,  moralización de los negocios, de la política y de los medios de comunicación, debates sobre el aborto y acoso sexual.

Se trata  de tomar conciencia para  construir un mundo juntos  en el  que  nadie está demás. En este camino de la re moralización  algunos sujetos de la sociedad civil están emprendiendo  signos de revitalización de un nuevo ánimo moral.

Esta preocupación surge  porque nos enfrentamos a un mundo desenfrenado en el cual el panorama moral no es muy alentador, en tanto que estamos en presencia  de un siglo XXI  acompañado de un clima  de zozobra en el que sobresale el fenómeno de la corrupción.

La corrupción es  un problema moral. Y por ello tomar una posición acerca de la corrupción en serio es tomar la virtud cívica en serio. Asumir la virtud cívicamente  requiere no sólo una educación moral, sino  una participación honorable en la vida pública.

La  corrupción significa cambiar la naturaleza de una cosa volviéndola mala, privarle de la naturaleza que le es propia, pervirtiéndola. Referida a la administración pública, se llama corrupción al fenómeno por el que un funcionario es impulsado a actuar en modo distinto a los estándares normativos del sistema para favorecer intereses particulares a cambio de una recompensa.

Existen los tipos  de corrupción como el cohecho –o sea, el uso de una recompensa para cambiar a su propio favor el juicio de un funcionario público-, el nepotismo o  la concesión de empleos o contratos públicos sobre la base de relaciones de parentesco y no de méritos y el peculado por distracción, que es  la asignación de fondos públicos para uso privado.

La corrupción en la función pública, se ha convertido en la ambición irreprimible de enriquecerse por la vía más rápida y  está a la orden del día; así como el recurso de la violencia para alcanzar  objetivos prefijados, al uso progresivo de las drogas para  evadir la dura realidad, el abandono de los ideales cívicos,  la proliferación de los delitos financieros, entre otros.

Frente a esto, el imperativo para la  ciudadanía y el Estado, es  invertir en la formación del ser humano, en la difusión del saber, en el desarrollo de la inteligencia y la imaginación, ampliar los derechos y las responsabilidades de la persona. A su vez,  señala el teólogo Leonardo Boff, es necesario la ternura porque es el cuidado para con el otro, el gesto amoroso que protege y da paz.

 

2 Responses

  1. David de León

    Qué reflexión tan apropiada del Dr. Olmedo para estos años en que nuestra sociedad está despertando el manto de la corrupción.

  2. Ximenej

    Como para bailar tango, se necesitan dos, en la corrupción, para que se lleve acabo se necesitan dos partes. Y como en el tango, se dice que hay una parte dominante, pero para ser dominante necesita de la otra parte, como es en la corrupción.
    El negar una parte de la corrupción, es negar la corrupción.

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