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En el mundo de las películas

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editorial

No es fácil convivir en medio de tanta tensión, violencia, incertidumbre, confrontación y la más compleja escenificación de máscaras, de personajes ficticios, que encarnan papeles diferentes, pero nunca exponiendo su propia personalidad.

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Hay un teatro en cada cuadra y quizá lo más peligroso en esta inagotable fuente de papeles adquiridos, es cuando finalmente se trasladan al interior de la casa y se olvidan de quienes realmente son.

Son aquellos que regresan a su vivienda, y les gusta tanto el argumento, que siguen actuando.

Uno de los personajes más disputados en el teatro guatemalteco es el papel de honrado.

Así de repente, se retornó a una virginidad colectiva que fácilmente señala a los demás como engendros de la corrupción y nacidos para ejercerla como parte natural de la existencia, desde luego lo antisocial de LOS OTROS.

Pero en nuestra gran aldea, donde casi nos conocemos todos, causa pena ajena, presenciar el cuero de quienes no hace mucho tiempo, se refocilaban con el poder ajeno, de quienes otrora época eran motivo para buscar la fotografía oportunista o resaltar la amistad inexistente: “A aquel lo trato de vos mucha, con ese chupamos anoche, crecimos juntos, es del barrio, vieran como me quería su mamá, me consulta cada vez que tiene un problema”.

Y como sucedió con aquel que fue advertido que negaría a su maestro antes que cantara el gallo tres veces, ahora es el primero en señalar al supuesto cercano, desde chiquito era sinvergüenza, está pagando todo lo que hizo, vaya que lo agarraron, afortunadamente nunca necesité de él, yo siempre se lo dije a la gente, es una lacra, lástima que no existe la pena de muerte.

Se ha dado una abundante facilidad para hacer prácticas en el coro de fondo de los acusadores, que han hecho ejercicios especiales para fortalecer los tendones del dedo índice y evitar que el efecto de la ley física de atracción con relación a la masa, cuando se dan a la tarea de señalar, no termine por atraer el dedo y termine por apuntarlo hacia sí mismo.

Desde luego la gran mayoría se suma para actuar ese papel. Hay colas para solicitar la plaza.

Por ser el más fácil y popular, la enorme cantidad de postulantes hacen imposible que se pueda identificar a cada uno en lo particular y despistando y uniformándose como actores de reparto, se pierden en la multitud, sin exponerse a que se conozcan sus pecatum pecatorum individuales.

Igual que aquellas legiones de romanos, de apaches en las películas de vaqueros, o soldados en las grandes batallas, eran miembros del reparto de aquellas producciones cinematográficas, que todavía no sustituían a la gente a través de las modernas técnicas de los efectos especiales.

Formaban parte de la producción y sin su concurso no se habría realizado la película, pero en el estreno de la filmación, ni ellos mismos se lograban identificar en aquella multitud, sin embargo, podían presumir que eran parte de la escena.

Yo no entiendo como la policía todavía encuentra y captura delincuentes, si pareciera por lo que se lee en las columnas de opinión, se confirma en miles de mensajes de perfiles ciertos o inventados, en las redes sociales, siempre señalando, denunciando, insultando y arrojándole piedras cotidianamente a defraudadores, corruptos y delincuentes de todo tipo en ese escenario imaginario saturado de almas pecadoras y al parecer ni de un solo diablo, que todos son inocentes de grandes o pequeños pecados, por eso para diablos, no hay solicitudes, por falta de actores que quieran desempeñar ese papel, porque voluntarios para atizar el fuego de nuestro infiernito guatemalteco, se apuntan por montón, aunque no salgan en la película.

Para la filmación de la película llamada, Los Políticos casi tiene que cazar a los actores, algunos ni de gratis quieren desempeñar ese papel, por esa razón han tenido que recontratar a los personajes de siempre, acostumbrados al éxito de sus finanzas y descrédito de su nombre.

Se transformaron en los malos de la lica, los bandidos, los que al final siempre terminan mal y son odiados por los espectadores que, esperando su trágico fin, aguardan ansiosos el momento feliz en que se los truenen.

La anterior es una historia contada por Don Edmundo Deantés, nuevamente en el país del realismo mágico, pareciera ser que la ficción es pura realidad.

Por una nación Libre, Justa y Solidaria.

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