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A propósito del pronunciamiento de Thelma

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La política está llena de engaños por parte de voceros y funcionarios públicos. Sun Tzu en su libro El arte de la guerra justifica el engaño para ganar batallas políticas y bélicas, mientras que Maquiavelo en su obra El Príncipe afirma que para mantenerse en el poder se necesita engañar a los adversarios.

Las recientes campañas políticas han tomado sesgos diferentes a lo antes acostumbrado. La vertiginosa evolución de los medios de comunicación ha generado nuevas y preocupantes maneras de presentación y promoción de candidatos y candidaturas. Los discursos y debates son sometidos por los analistas a exámenes muy acuciosos para descubrir mentiras y señalar ventajas. Se analiza metodológicamente quién miente más y cuáles son los artilugios que han usado, dando por resultado una moderna y aberrante “ciencia del engaño político”.

La elevación del engaño a nivel tan alto se debe a que los estudios sicológicos y sociológicos y las técnicas mediáticas han logrado leer e interpretar palabras, significados, contextos, gestos y conductas que revelan las profundidades del alma y lo torcido de las intenciones que suelen ocultarse al común de los mortales. Tal parece que el político de profesión tiene ahora que iniciarse y someterse a esta práctica tan abstrusa, pero que le rinde copiosos beneficios. Lo que antes era considerado como una mala y vergonzosa conducta, ahora se eleva a la categoría de “ciencia del mentir”.

Mentira y engaño van siempre aparejados. “La mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar”, enseña San Agustín. Es un pecado contra la verdad y contra la justicia y su gravedad se mide por el mal que causa. Cuando se utiliza como medio e instrumento para conquistar el poder, la gravedad alcanza el máximo porque afecta a toda la comunidad. Mina la confianza y obstruye el bienestar social; por eso exige en conciencia la reparación.

Ayer, circuló en redes sociales un pronunciamiento de la fiscal general y jefa del Ministerio Público (MP), en el cual afirmó que si sacan al colombiano Iván Velásquez, ella renunciará a su cargo. Muy al estilo Hollywood, nuevamente están en una situación de decadencia por sus malos procedimientos y la forma tan pueril de su actuar y los montajes a los que están acostumbrados en su paso por el tema de la persecución penal.

Al ver mermada su popularidad, amenaza con el petate del muerto, como una niña berrinchuda, si no me dan arrebato o como en los juegos de antaño, soy el dueño de la pelota y si no juego me la llevo.

Es lamentable el actuar de la señora fiscal Thelma Aldana, pues sin que el presidente haya dado alguna declaración al respecto, pareciera ser que es escuchado como es el estilo del MP, cosa que debería de ser penada por la ley, pues ella no está por encima del Ejecutivo y no tiene por qué abrogarse tareas o papeles que no le corresponden.

Ante esta situación, ¿Creerá la señora fiscal que aún puede obligar a un pueblo a seguir su propia agenda? ¿Qué intenciones ocultas habrá detrás de sus publicaciones en redes sociales? ¿A quién representa realmente esta señora? Porque al pueblo de Guatemala, está claro que no lo representa, pues si así fuera realizaría su trabajo por igual sin privilegios, pues está muy claro a quien no persigue, la pregunta es ¿Por qué?

Por una nación libre, justa y solidaria.

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