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Las emociones y la cultura de violencia en Guatemala

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editorial

Las emociones son reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos del individuo cuando percibe un objeto, persona, lugar, suceso o recuerdo importante.

Psicológicamente, las emociones alteran la atención, hacen subir de rango ciertas conductas guía de respuestas del individuo y activan redes asociativas relevantes en la memoria. Los sentimientos son el resultado de las emociones, son más duraderos en el tiempo y pueden ser verbalizados (palabras). Fisiológicamente, las emociones organizan rápidamente las respuestas de distintos sistemas biológicos, incluidas las expresiones faciales, los músculos, la voz, la actividad del sistema nervioso autónomo y la del sistema endocrino, pudiendo tener como fin el establecer un medio interno óptimo para el comportamiento más efectivo.

Los diversos estados emocionales son causados por la liberación de neurotransmisores (o neuromediador) u hormonas, que luego convierten estas emociones en sentimientos y finalmente en el lenguaje. Conductualmente, las emociones sirven para establecer nuestra posición con respecto a nuestro entorno, y nos impulsan hacia ciertas personas, objetos, acciones, ideas y nos alejan de otros. Las emociones actúan también como depósito de influencias innatas y aprendidas. Poseen ciertas características invariables y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y culturas (Levenson, 1994).

Para comprender el hecho de la cultura de violencia, que se vive en Guatemala, se hace necesario establecer él ¿por qué? de la situación que atraviesa el colectivo de pensamientos de la sociedad en su conjunto y por lo tanto veremos que somos producto de una serie de acontecimientos sociales y naturales que nos ha conducido a la estructura de una sociedad acostumbrada a la violencia y al dejar hacer y dejar pasar.

No es casual que hoy día veamos a diario asesinatos y sea parte del folclore pues hasta de forma morbosa se ve cómo los niños corren a observar los cadáveres, sean estos productos de la violencia o de accidentes de tránsito u otros, y empiezan a formar parte de su costumbre por lo que empieza a perderse el valor a la vida, la cual se ve como algo que no vale nada.

Por otro lado, hemos caído en la animadversión hacia la participación política, producto del mal manejo y malas acciones de la casta de politicastros que dirigen nuestra nación.

El manejo de la cosa pública se ha convertido en botín, y cuando hay algunas personas que tienen buenas intenciones por hacer bien las cosas, inmediatamente son bloqueadas y satanizadas por los mismos politicastros.

Dentro del concierto de las naciones, en un mundo globalizado, vale la pena preguntarnos ¿Qué pretenden los titiriteros de nuestro país, para mantener el estado actual de las cosas? ¿Quién se beneficia de la incertidumbre y la cultura de violencia actual?, ¿Hasta dónde llegará la paciencia del pueblo guatemalteco, para aceptar el estado actual de las cosas?

Es tiempo de despertar hacia la búsqueda del bien común, otro mundo es posible.

Por una nación libre, justa y solidaria.

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