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Poco a poco Guatemala va cambiando

COLUMNISTA

Los guatemaltecos tenemos una historia política plagada de dictaduras, golpes de Estado, corrupción e impunidad, de gobernantes mediocres, sanguinarios y ladrones, que se preocuparon más por satisfacer los intereses de la oligarquía y se olvidaron del pueblo empobrecido y miserable.

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Estudiando la historia observamos que también hemos tenido espacios de tiempo donde la luz alumbró para los desamparados y hubo esperanza para los desposeídos, como se dio en el gobierno del Doctor Mariano Gálvez y con los gobiernos  de la primavera democrática, producto de la revolución de octubre de 1944.

En mil novecientos ochenta y seis iniciamos una serie de cambios políticos en la vida nacional, con el advenimiento de instituciones como la Procuraduría de los Derechos Humanos, la Corte de Constitucionalidad y la transformación de la Policía Nacional, ejemplos de innovación del aparato estatal.

Estos cambios se han dado lentamente, pero los guatemaltecos que vivimos la dictadura militar efecto de la interrupción del segundo gobierno de la revolución,  podemos afirmar que ahora soplan otros vientos y cabe mencionar entre esos cambios que ahora el ejército y la policía nacional ya no son aparatos represivos del Estado, se respeta la libertad de pensamiento, de asociación, de acción y de manifestación, ya no hay colusión de la embajada de la reforma con la oligarquía, el ejército y los políticos de derecha para arremeter contra intelectuales, dirigentes estudiantiles y sindicales, profesores universitarios y políticos de izquierda.

Ahora existe más tolerancia y respeto para grupos de la diversidad sexual, para agrupaciones de izquierda, para grupos de mujeres y de los pueblos originarios.  En este contexto también observamos que desapareció la organización de los estudiantes del nivel medio, la AEU fue cooptada por corruptos que encontraron en ella su modus vivendi despojándola de su dignidad; algunos dirigentes sindicales se volvieron negociantes y han tranzado privilegios que son mal vistos por la sociedad y que son públicos en esta era de la tecnología de la información y comunicación.

No podemos negar que la CICIG bajo la conducción del Señor Iván Velásquez ha sido fundamental para iniciar una serie de cambios que están matizando a nuestro país desde el 2015 y los guatemaltecos tenemos la percepción de que los mismos  no se detienen, por eso ahora se investiga tanto a diputados, jueces, funcionarios de la administración pública como también a empresarios.

En este nuevo escenario vemos al embajador de los Estados Unidos asistiendo a  los juicios contra funcionarios corruptos y dando acompañamiento a exhumaciones  de víctimas del genocidio; los guatemaltecos poco a poco perdiendo el miedo y fomentando una cultura de denuncia; los políticos tradicionales en el escrutinio ciudadano; las redes sociales teniendo un gran protagonismo principalmente entre los jóvenes; vivimos sin el temor a un golpe de Estado; los medios de comunicación con una función de más investigación y una sociedad civil observando con atención la función pública.

Estos cambios colocan a la clase política en la disyuntiva existencial: cambiar y  orientar sus acciones a la construcción de un Estado de bienestar o seguir en el latrocinio y resignarse a la cárcel y a la extinción de dominio. Como dijo Galileo Galilei “Y sin embargo, se mueve”

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