El Siglo

¿Hasta cuándo Guatemala?

La violencia generalizada que se vive en Guatemala rebasa todos los límites de la convivencia pacífica para una nación que pretende, de acuerdo con su legislación vigente, encontrar el bien común. No es de extrañar que esta sea nuestra cruda realidad, cuando hemos vivido durante las últimas seis décadas, en un ambiente en el que la vida no vale nada. En primer lugar, por una guerra interna que no tuvo más resultados que una cultura de violencia, el aparecimiento de grupos de presión tendentes a alcanzar los objetivos que no lograron por la vía armada y el abandono de combatientes que no saben hacer otra cosa más que usar las armas.

Por si eso fuera poco, el incremento del tráfico de drogas y los males que trae consigo, en el territorio nacional y centroamericano, que ha dado lugar a otra serie de males que conllevan a la colombianización de la violencia, sin que por ello queramos culpar a los amigos colombianos, pues hacemos una comparación de los hechos acaecidos durante la época de Escobar en ese amigo país, producto del narcotráfico y otros males que esta actividad conlleva.

En el país del realismo mágico, no es de extrañar que coexistan fuerzas antagónicas que pretenden a toda costa alcanzar sus fines y objetivos sobre una población y un territorio que, goza de los males que el DESARROLLO ha traído para su buena o mala suerte, sin dejar que este permita el más mínimo incremento de la educación en cada uno de sus habitantes pues entre más ignorante el pueblo, mejor para el mal.

En un mundo globalizado, donde es prioritario el libre tráfico de capitales y mercancías, no se puede pretender que un gobierno débil, y maniatado por los grupos adversos y grupos de presión, pueda estructurar siquiera, algún cambio de fondo a toda la situación de violencia generalizada, no por ello estamos justificándolo, pues EL ESTADO, SOMOS TODOS LOS GUATEMALTECOS, que habitamos los 108,889 Kilómetros cuadrados de este territorio, y estamos en la obligación de encontrar una salida viable a la crisis generalizada, que nosotros mismos hemos producido, ya sea por nuestra inanición, falta de interés, ignorancia, apatía o cualquier otra causa que ha permitido que la mal llamada clase política, nos haya llevado al abismo en el que nos encontramos.

Mientras los guatemaltecos, no tomemos conciencia de nuestro papel en esta sociedad, como entes pensantes y productores de bienes y servicios para nosotros mismos y, para el mercado externo, no tendremos opción de cambio, y no es confiando en los POLITICASTROS, que lograremos salir del agujero en que nos encontramos, si seguimos confiando en ellos, estamos perdidos, pues estos únicamente piensan en su propio beneficio y no en la población que los eligió.

Vale la pena preguntarnos si ¿Estamos dispuestos seguir permitiendo las desfachateces de los politicastros? Que, únicamente se cambian de camisola para seguir actuando en la impunidad, o ¿tomaremos un papel protagonista en nuestro propio desarrollo? No permitamos que los Politicastros sigan haciendo de las suyas, es tiempo ya de ordenarles que trabajen por y para el pueblo que los eligió.

Por una nación libre, justa y solidaria.

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