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COLUMNISTA

Muchas son las lecciones que recibimos todos los días en  cuanto al afecto que debe manifestarse entre los seres vivos.  Hay expresiones de agrado por parte de algunos mamíferos hacia los más pequeños de su misma especie.  Las aves trinan, aletean y dan vueltas alrededor de otras para manifestar cierto tipo de aprecio. Da gusto verlas y comprender que viven recurriendo a prácticas de alguna clase de estima.

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En el contexto familiar, los discursos dirigidos para niñas y niños durante los primeros años de vida están llenos de expresiones y tratamiento que demuestran ternura.  Los recién nacidos se llenan de abrazos, besos, palmadas y uso de palabras que expresan cariño y amor. Quienes viven la adolescencia también disfrutan de expresiones de agrado. En algunos casos, la vida se manifiesta con alegría cuando se hace uso de manifestaciones de afecto en los momentos críticos como consecuencia de desequilibrios de salud.

Urge identificar, conservar y practicar la ternura a través de distintas manifestaciones que hay al interior de las familias porque ayuda a disminuir la violencia en el hogar y en los ámbitos cercanos a la casa. Es de reconocer que hay expresiones de halagos, caricias y abrazos entre todos los miembros de las familias, especialmente hacia los más pequeños. Estas prácticas se deben mantener porque así construimos ambientes libres de dolor, miedo y angustia. Es grato encontrar a adultos con expresiones de aprecio a las demás personas porque abonan a mantener un clima de afecto y con una serie de relaciones hacen sentir a todas y a todos como parte importante y amado del grupo.  Nos necesitamos y por eso es importante garantizar que todos crezcan con el afecto que haga disminuir o eliminar expresiones y prácticas de rechazo, odio, egoísmo y desprecio.

Al interior de culturas originarias se mantienen discursos y prácticas que manifiestan afecto para las personas de distintas edades, por eso hay música y literatura agradable al momento de nacer, a los veinte días de haber nacido, durante la adolescencia y la edad adulta. Por otra parte, es común escuchar que cada persona debe apreciarse a sí misma, particularmente cuando algo en la vida necesita cierta atención, por eso son comunes estas expresiones “cuídate a ti misma”, “ámate a ti misma”, “no te lastimes a ti misma”, “que lástima que no te quieras a ti misma”. Pero hay que tener presente que el aprecio se extiende a los elementos naturales presentes en el contexto, por eso escuchamos que “las plantas sienten”, “hay plantas que lloran” y que por eso mismo no hay que hacerles daño, al contrario hay que cuidarlas para que crezcan bien. Las plantas y los frutos tiernos tienen un trato preferencial con ternura. La tierra, la “madre tierra” es uno de los seres vivos que recibe halagos porque da vida, mantiene la vida de todos y alimenta a muchos seres vivos.

La ternura como parte de la cotidianidad hay que mantenerla, fomentarla y tener el cuidado de que las generaciones jóvenes asuman su práctica y significados.  Estamos convencidos que con una buena dosis de ternura se debe disminuir la violencia en casa, los conflictos en la comunidad y el poco aprecio por la vida.

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