El Siglo

Alianza para la prosperidad

¡Salve, cara Parens, dulcis Guatimala, salve!, estas dulces palabras nos traen a la memoria el sueño de construir una nación unida, progresista, eficiente, competitiva; orgullo de todos sus hijos y ejemplo para otras naciones. Aquel sueño del poeta se tambaleó, pero como el ave fénix, vuelve a intentar el vuelo de reconstruir una nación. En su momento, la juventud de este país desatendió las recomendaciones de la razón, quien desobedece a Dédalo en la búsqueda de la Libertad, le pasa igual que Ícaro. Así fue, la noble sangre chapina quiso acercarse al sol y quemó sus alas.

Hoy tenemos muchas propuestas para su reconstrucción.  En el objetivo general todos estamos de acuerdo: queremos una patria libre, justa y solidaria. Una de las propuestas sobre las que hay que insistir es la invisible Alianza para la Prosperidad. Aunque sospechosamente, todos le regatean el segundo adjetivo: para la seguridad.

Repasemos los argumentos que vienen desde el imperio del norte, al que estamos insoslayablemente unidos por razones económicas, sociales y estratégicas. Varias razones justifican la sospecha de que las decisiones que se toman en el Departamento de Estado influyen en nuestras tendencias. La principal preocupación de la dirigencia de Estados Unidos es la presión masiva de la migración, legal e ilegal de origen centroamericano. Miles de adultos y niños en desamparo presionan la frontera norte generando caos y empeorando la de por sí mala imagen del poder norteño.

Hace apenas dos meses, en junio, se realizó en la soleada y conservadora Miami, la Conferencia sobre la Prosperidad y la Seguridad de Centroamérica. Sórdidamente no se habló de toda Centroamérica, solamente del oscuro y tenebroso Triángulo de Norte.  Lo que allí se propuso va a pesar en el diseño de las políticas económicas, sociales y ambientales de Guatemala. De allí la premura de recordar qué se dijo, y qué podemos valorar de ello. Lo que se dijo fue lo siguiente:

“El compromiso de Estados Unidos en Centroamérica tiene como objetivo destruir las organizaciones criminales transnacionales, combatir el tráfico de drogas, disuadir la migración ilegal e incrementar la inversión del sector privado para crear empleo y oportunidades económicas en la región.”  La esencia de la reunión fue esa, el gobierno norteamericano y sus aliados más cercanos tienen dos vías: tomar la decisión de invertir las ingentes sumas de dinero a fortalecer la democracia abierta y transparente, en educación primaria y secundaria, especialmente, en educación técnica para fortalecer las cualidades de toda la población; o por otro, fortalecer a los grupos de presión ineficientes y corruptos o generar recursos para el uso de la violencia y el caos.

Surge esta pregunta básica: ¿quién controla las masas de dinero gastadas por el gobierno norteño? Solamente este año se gastaron $655 millones, suficientes para invertir en proyectos de salud, educación y trabajo para los miles de pobres de la región. Estados Unidos no debiera equivocarse nuevamente, gastar en el uso de la violencia solamente aumenta el filón de la pobreza.

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