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COLUMNISTA

Desde que empezamos a transitar por la democracia a mediados de la década de los ochentas no habíamos observado tanta improvisación, tanta carencia de ideas, tanta escasez de liderazgo en la conducción de la cosa pública como en el actual gobierno.

En noviembre de 2015 todo era expectativa en la población, luego de que ganara las elecciones en la segunda vuelta el binomio Morales-Cabrera, las grandes dudas gravitaban en torno al plan de gobierno, a la conformación del gabinete y a las acciones de los primeros cien días; pero  fueron pasando las semanas y los meses  y hoy vemos estupefactos que la inercia es la gran protagonista en esta historia.

El gobierno cual veleta no tiene dirección. Como se dice coloquialmente “cuando uno no sabe a dónde va cualquier camioneta lo lleva”. Es por eso que se vuelve interesante observar el desempeño del ciudadano presidente, mostrando su enojo, su indolencia, su falta de criterio, quizás producto de su impotencia de no poder ayudar a sus familiares ligados a proceso por el caso de corrupción “botín registro de la propiedad” o por sentirse incompetente en la conducción de esta barca llamada Guatemala, que navega a merced del viento y de la corriente.

En ese contexto los hospitales son un asco, su infraestructura deteriorada, no tienen equipo, no hay abastecimiento de medicamentos, condenando a los enfermos a vivir en una especie de purgatorio terrenal; las escuelas sin maestros y los maestros sin escuelas; las carreteras destrozadas, los ríos desviados de su cauce natural, cientos de hectáreas de bosque perdiéndose a diario, la Secretaria de Bienestar Social en un callejón sin salida, las mineras destruyendo el ambiente de las comunidades rurales, los departamentos sin gobernadores, todo un caos al interior de nuestra Guatemala.

Ante esta terrible situación nos preguntamos si todavía nos queda esperanza, si hay alguna luz al final del túnel, si algún alquimista nos ofrecerá la fórmula secreta para sacar al país de este agujero negro.

Debemos tomar conciencia de que la respuesta consecuentemente está en nosotros mismos y se llama ciudadanía activa. Debemos de participar activamente en la organización de nuestras comunidades, en nuestro lugar de trabajo, en nuestro centro de estudios, en asociaciones, en partidos políticos. Debemos reconstruir el tejido social pero no solo a través de twiter, facebook o Instagram, debemos hacerlo también de manera presencial.

Dar opinión a través de las redes sociales es muy cómodo y no resuelve nada, solo mitiga el sentimiento de culpa, nuestra apatía y la falta de compromiso con nuestro país.

Solo organizados lograremos incidir en la transformación política, económica y social.

El gobierno de los señores Morales y Cabrera está en cuenta regresiva, en los dieciséis meses que les quedan antes de la convocatoria a elecciones no podrán realizar mayor cosa, por lo tanto deben asumir con responsabilidad los temas sustantivos y dejar las bases para que el próximo gobierno no empiece de cero. Recuerden que el tiempo perdido hasta los santos lo lloran.

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