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COLUMNISTA

Singapur, Hong Kong (región de administración especial de China), Suiza y Rumania tienen en común algo más que estar en el mapamundi.  Son países que tienen alto grado de desarrollo económico y humano.  Aunque por supuesto, cada uno tiene historia y circunstancias distintas, además tienen en común que su sistema político-económico es lo que es gracias al liberalismo.  Si, al que algunos necios insisten en llamar “neo” liberalismo.  Liberalismo contrapuesto al estatismo, pero, sobre todo opuesto a los privilegios.

Confieso que nunca fui un gran alumno en la facultad de Derecho de la Marroquín.  Tuve muy buenas notas en el bachillerato en áreas científicas.  Qué paré haciendo en la facultad de Derecho es harina de otro costal.  Siempre tuve una actitud irreverente hacia los cuasi dogmas de la Marro.  Cuestioné los preceptos liberales por pura rebeldía, más que por convicción.  Recuerdo un ejercicio que hicimos en clase para ejemplificar la utilidad marginal decreciente y solo por chingar tomé decisiones opuestas a las que se tomaría normalmente.  Al final, al catedrático no le salían las cuentas del por qué el resultado de la clase hasta que confesé mi travesura.  Dogmas.  Así, a la fuerza, no me pasa nada.

Años después, ya en el mercado laboral y al vivir en carne propia la economía, pude dar cuenta que el 99% de lo que me quisieron enseñar en la Marro era correcto.  Aprendí más por experiencia que por obediencia, reza un lema.  Los individuos en libertad, sin intervención del Estado o distorsión de otros agentes, toman las mejores decisiones para sí.  Si todos los individuos toman esas decisiones con esos condicionantes, el resultado no es el caos, sino el beneficio individual generalizado.  Estoy claro que en una sociedad con grandes rezagos muchos no pueden tomar decisiones libres.  Si mi hijo está gravemente enfermo y no tengo dinero, mi libertad está limitada.  Este último es un punto en el que con queridos amigos y compañeros diferimos grandemente y, aunque no lo quieran -o puedan- reconocer, es la verdad como la hostia.  El reto de sociedades como la nuestra aquí y ahora es conseguir que la gran mayoría de los individuos tenga esa libertad de elección.

Yo no sé cómo se logra eso en Guatemala.  Seguro no es rápido, ni sencillo, ni será el trabajo de una sola generación, ya no digamos de un solo gobierno o de una sola persona, pero de lo que estoy convencido y pongo a debate racional y fundamentado cuando se quiera, es que no se igualan las condiciones sustituyendo los privilegios que algunos obtuvieron al amparo de gobiernos complacientes, otorgando privilegios al bando contrario para “contrarrestar” el desbalance histórico.

Ese listadito de prósperos países -ojo, con sus problemas y resabios propios- está en el otro extremo del que quedó en último, en el puesto 157: Venezuela.  No lo dice la Marro, no lo dice Fox News, lo dice Wikipedia ¡no me vayan ahora a salir que Wikipedia es neoliberal, pues! Esa es lisa y llanamente, la realidad.

No se arreglan los problemas quitándole privilegios a unos para dárselos a otros.  Digan lo que digan los corifeos socialistas, acá hay justicia selectiva y se aplica el derecho penal del enemigo, probablemente argumentando esa “contrarresta” histórica.  Así no se avanza; así esa “revolución” solo sienta nuevos dueños o patrones en el trono.   Escuchen la canción “Won’t get fooled again” del grupo The Who, pónganle atención a la letra y verán magistralmente musicalizado mi punto.  “Meet the new boss, same as old boss” Así, pa’quetecuetes!

 

1 Response

  1. Ximenej

    Si la Marro enseñara 99% de verdad, fuera ya una mega iglesia, pero sigue siendo un instituto para favorecidos que no quieren ceder sus privilegios.
    No es de contrarrestar la justicia, pero tener justicia por primera vez, sin que los privilegiados corruptos, la puedan comprar o seguir impunes.

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