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Derechos Humanos sin sesgos ideológicos

COLUMNISTA F: ACTUALIZADA

Los derechos humanos han sido utilizados como arma ideológica, dividiendo a quienes los pregonan y quienes los refutan. Nuestro país no ha sido la excepción en esta lucha antagónica.

A los partidarios de esta corriente y que defienden el derecho indígena, el medioambiente sano o la independencia judicial, se les cataloga de izquierda.

Sin embargo, a quienes reclaman el derecho de propiedad, la autodeterminación de los pueblos y ahora por razones coyunturales, las garantías procesales penales, especialmente la presunción de inocencia, se les clasifica de derecha.

Estas posiciones son acordes a su historia, cuando Estados Unidos lideró el movimiento de los derechos civiles y fue uno de los países que reclamó un pacto de derechos civiles y políticos, pero naciones afines a la Unión Soviética exigían derechos económicos y sociales.

No obstante, en la visita in loco al país, delegados de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) evaluaron estas garantías de forma universal, sin sesgo ideológico, escuchando a distintos sectores de la sociedad civil. Cada grupo habló y posiblemente se quejó para llevar agua para su molino.

A pesar de ello, la CIDH nos ha demostrado que los derechos humanos no son exclusivos de izquierda ni de derecha, sino igual para todos, sin distinción alguna, en virtud que constató temas que abanderan cada corriente política, realizando pronunciamientos entre otros, sobre la exclusión de los pueblos indígenas pero también sobre el uso excesivo de la prisión preventiva que vulnera en muchos casos la presunción de inocencia.

Se mostró que estos derechos son independientes de cualquier condición y que no tienen ideología, pues todos tenemos los mismos derechos.

Los muros ideológicos sólo han dejado mucho dolor y luto. A pesar de eso, derecha e izquierda no han comprendido que pensar diferente no nos hace ser enemigos y que una gran mayoría de la ciudadanía común habla otro idioma y sólo quiere vivir en paz, y en esa labor, la integración de los derechos humanos es de vital importancia para impedir y reaccionar de igual manera, ante cualquier exceso por parte del Estado.

En su diagnóstico preliminar, los comisionados nos ponen las barbas en remojo, al reiterar que Guatemala es uno de los países más desiguales del mundo, subsistiendo  los problemas estructurales que originaron el conflicto armado pasado, y temen sea una causa para que se repitan episodios de graves violaciones a los derechos humanos.

Si el presagio de la CIDH, se convierte en realidad, se demostraría que no hemos sido capaces de superar nuestras diferencias. Manifestaría que todo ese pasado amargo no fue una lección aprendida. Expondría el rechazo de nuestros gobiernos y la ineficacia del sistema político actual para lograr la transformación de nuestra sociedad en una más justa.

Es tiempo de recapacitar y de una vez dejar por un lado los muros ideológicos. Debemos de analizar qué es lo mejor para nuestro país, tomando muy en serio lo expresado por la CIDH, entre ello considerar si las reformas constitucionales en materia de justicia, son esa oportunidad invaluable para iniciar con el cambio necesario para superar los conflictos sociales que se han convertido en esa deuda histórica difícil de finiquitar.

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