Home > Columnas > Los negativos y… la sociedad

Los negativos y… la sociedad

Leía hace poco unas consideraciones que hacían notar que vivir con una persona quejumbrosa puede ser difícil; porque es persona a todo le encuentra algo qué criticar;  una persona así promueve un ambiente difícil. Y termina por alejar a todos de ella.

Y esto puede servir de advertencia… porque si se filtra el negativismo  en muchos; y, peor, con el apoyo de los medios de comunicación, puede ser un gran peligro  para nuestra sociedad, debilitándola o destruyéndola. El problema podemos ser nosotros, desde dentro, cuando nos dedicamos a difundir cosas negativas –aunque sean hechos reales- y vemos de modo pesimista, los valores que conforman nuestra identidad. Si no enfrentamos esto, no importa que la ataque alguien con turbante o cubierto por la capucha del terrorismo; ya nos estaríamos destruyendo nosotros mismos por el negativismo.

Es tema de siempre. Ya hace… 29 siglos, el orador romano Marco Tulio Cicerón decía “Si en todo momento tenemos que ver y oír sucesos crueles, a la larga perdemos, incluso los más sensibles por naturaleza, todo sentido de humanidad por la serie ininterrumpida de impresiones de atrocidades”.

Y regresando a nuestro siglo, la experiencia señala que la difusión de cosas negativas en los medios de comunicación, con el apoyo de muchos que repetimos lo malo, influye en el crecimiento de un  pesimismo paralizante. Y se oyen comentarios como: es que este país es una jungla; tiene un  Estado incapaz; todos vivimos temerosos de asaltos, secuestros, extorsiones… nadie está a salvo… Y, como consecuencia de esa innecesaria difusión de noticias de violencia, detallista, morbosa –no hablamos de la necesaria información- se favorece el pesimismo. Y ello debilita a la sociedad y facilita la violencia.

Es tema especialmente actual, particularmente visible en la influencia de los medios de comunicación, aunque no sólo de los medios. Quizá por esto en México pactaron normas para cubrir la violencia, y acordaron que la cobertura informativa sobre la violencia evite “propagar el terror entre la población”.

En Europa alguien señalaba, en otro contexto, que algo que ahoga más frecuentemente  el entusiasmo y el empuje es la conciencia de derrota, “que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados”. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no confía plenamente en el triunfo. El que comienza sin confiar, perdió de antemano la batalla…

Ciertamente hay que hay que lograr erradicar las cosas malas, pero en el lugar adecuado, con los medios adecuados… Y sin olvidar que, aún peor que la corrupción, es el pesimismo que puede llevar a decir -en la práctica- “si están las cosas tan mal, qué importa lo que yo haga por el país, por la familia…” y llevar a una comodidad irresponsable.

Como alguien concretaba, destacar innecesariamente lo malo, lleva a la cultura de la queja, a la inacción; y esto podría  ser como un suicidio social. No nos dejemos.

.
.

Leave a Reply