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COLUMNISTA

Tengo mucho qué decir, pero el ánimo no me da para elocuentes palabras. Hace una semana mi queridísimo papá, Jorge Alejandro Palmieri García, murió en la tranquilidad de un sueño que se volvió eterno.  El nunca temió a la muerte, viniera como vinera y estaba preparado para ella desde hace mucho tiempo. De hecho, lo vivía diciendo, al punto de que sus amigos y nosotros, su familia, ya lo tomábamos a broma. Recuerdo que pasamos su cumpleaños número 60 en París y en un cafecito en Trocadéro, meditabundo, me dijo: “mijo, ya cumplí 60 años; ya no me queda mucho tiempo”.  Vivió 28 años más, pero la verdad es que desde que mi mamá, nuestra amadísima Anabella murió en el año 1983, ninguno de nosotros fuimos los mismos.

Mi papá desde entonces se dedicó a criarme amorosamente dedicando su vida a mí.  Me hizo partícipe en todo lo que hacía, social o profesionalmente, siempre me involucró en las decisiones, aunque yo no tuviese la capacidad para tomarlas.  Fui criado en un entorno privilegiado, pues no solo conté con un amoroso padre absolutamente dedicado a mí -aunque a veces asfixiantemente sobreprotector- sino que desde pequeño compartí con grandes personalidades de la vida política, social, profesional, artística, y de un sin fin de otros ámbitos provenientes de todo el mundo que compartieron su mesa y sus tertulias en las que me metía a mí al principio un poco a huevo, pero luego ya fue por gusto propio. Por eso soy, como dice un querido amigo, un viejo joven.

Escuché más de cien veces sus historias, sus conquistas amorosas, sus hazañas patrióticas y sus momentos más ilustres, así como los más tristes y oscuros que pasó. Yo viví su vida con él, sea a su lado o a través de sus historias que más de una vez dudé de su veracidad por inverosímiles, pero que con el paso del tiempo y luego de platicar con otras personas, pude comprobar que eran puro cierto, como dicen por’ai.  Tuve el privilegio de tener un padre a toda madre en más de un sentido, porque él solo me crio desde mis casi ocho años y dedicó su vida a mí, algo que tendré en el lugar más profundo de mi corazón por el resto de mis días y que jamás pude agradecérselo lo suficiente.

Mi papá murió un viernes, viernes de cofradía, ese grupo selecto de amigos que le hicieron la vida feliz. Mi papá vivió por y para sus amigos, siempre muy selectos y todos destacados. Durante los últimos años de su larga y maravillosa vida compartimos con personalidades de talla mundial tanto acá como en Suramérica, Europa y nuestro particularmente querido México. Estoy infinitamente agradecido con esos amigos por haberle dado tanta alegría y compañía; eran, además de algunos queridos parientes, su familia y los amaba como tales. Confieso alardeando, que la herencia de mi padre es incalculable; gracias a él, soy un hombre riquísimo, poseedor de las riquezas más grandes que hay en la vida. Fui criado con valores, con amor, dedicación y buena formación, pero sin duda mi herencia más valiosa es la riqueza más atesorada por mi papá: sus amigos.

Hoy no toca referirme a sus detractores o a los enemigos que acumuló a lo largo de más de 70 años de periodismo y durante los cuales le dijo, con fundamento, lo que quiso a quien quiso, incluso sufriendo encarcelamientos, golpizas y exilios.  Hoy solo toca escribir sobre el amor que dio y que recibió.  Gracias querido papi por tu vida y por tu amor.  ¡Te amo infinitamente!

3 Responses

  1. Claudia Núñez

    Eres muy afortunado. Qué dicha, qué herencia, qué regalo te dieron de muy arriba con haberte enviado como un hijo tan profundamente amado de ambos padres, especialmente de tu Padre. Padre, con mayúscula. En paz descanse eternamente Don Jorge Palmieri, ilustre escritor, periodista, ciudadano, padre, amigo y consejero de tantas personas. Esto es lo mejor que has escrito, has heredado el talento, y hoy que seguramente las lágrimas brotan conjuntamente con la pluma o al compás del teclado, has escrito con el corazón en la mano. Muy merecidamente para Don Jorge, un hombre de mundo, un caballero que tuve honor de conocer hasta hace muy poco, pero que me dejó con la boca abierta por lo bien que me trató, el respeto, la cortesía, la caballerosidad y la jocosidad. Eres realmente muy afortunado…estoy segura que muchas personas se han ido del planeta sin conocer un amor así…y algunos lo harán notar, torpemente, como suele suceder en el bajo mundo de las cloacas del internet en donde muchos viejos y desgastados comentaristas lanzan su veneno. No importa, ¡tú lo tuviste, tú lo viviste, tuya tu suerte! Que todo ello sea hoy tu consuelo, ese regalo hermoso que ahora te llenará por siempre el corazón y la vida misma. ¡Enhorabuena por su vida!

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