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La renta básica universal como mecanismo para reducir el peso del Estado benefactor (Parte II)

Columnista

En mi último artículo les escribí sobre la propuesta de renta básica universal (RBU) como medida de seguridad social, en la cual los ciudadanos reciben regularmente una suma de dinero de una institución pública, propia del Estado.  Si, leyeron bien, la propuesta básica es darle dinero a la gente, presuntamente la más necesitada.  Para eso, tenemos que hablar claro, se tendrían que pagar impuestos y redistribuir dinero de la gente que más tiene a la gente que menos tiene.

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Mi punto es que todo eso ya lo hacemos.  Ya pagamos impuestos, ya se redistribuye ingresos a los más pobres (y lo quieren hacer más), y lo peor de todo es que lo hacemos mal, con muy poco efecto.  Buena parte de lo que se paga en impuestos “para los pobres” no para en sus manos, sino en manos de sindicatos públicos corruptos, y sus abogados que pelean en las cortes por sus nocivos pactos colectivos, etc.  En el mejor de los casos, existen “ineficiencias X” en el Estado que, como opera sin motivo de ganancia, desperdicia mucho, aun cuando los servidores públicos son honestos y probos.

Asimismo, con RBU, nos podríamos deshacer de malas políticas públicas, como las de salario mínimo.  El salario mínimo es una intervención específica para intentar lograr un resultado específico, interfiriendo en el mecanismo de precios, lo cual constituye la peor de todas las posibles intervenciones del Estado.  La intención detrás de un salario mínimo es… subir el ingreso mínimo, pero esto solo funciona para el trabajador que mantuvo su empleo; habría que contabilizar el costo social tomando en cuenta todos los desempleados que no obtuvieron empleo debido a ese salario mínimo, que es nada más un precio fijado por el gobierno por arriba del precio de mercado.  Dicho de otra manera, el salario mínimo es una medida para llegar a un ingreso mínimo.  Entonces, ¿no sería mejor simplemente suplementar el ingreso familiar con una transferencia directa?

En vez de la distorsión de precios que introduce un salario mínimo, que pega más a unos sectores que otros, específicamente los que compiten en mercados mas competitivos, y por ende donde el precio y el costo son más importantes.  Por ejemplo, un salario mínimo pega más duro en el sector de maquilas, mientras no afecta el sector bancario, ni el sector académico, de donde salen estas maravillosas ideas de fijación política de precios.

Amigos libertarios deben de entender que sus propuestas políticas han obtenido los logros políticos más escasos de la historia democrática.  Los pensadores de la escuela de pensamiento de Opción Pública (Public Choice), de la cual el premio Nobel James Buchanan es padre fundador, han explicado muy bien que los votantes siempre pedirán más, no menos, gobierno, porque es racional pedir más, siempre y cuando alguien más lo pague.  La RBU es una manera de restarle poder a los políticos inescrupulosos que prometen todo tipo de regalos del erario público.  Se limitaría la transferencia a un monto razonable, más de lo que perciben ahora los beneficiarios, dado que de los impuestos seguramente más se paga a los sindicalistas y sus abogados de lo que reciben los pobres, en cuyo nombre los programas sociales se justifican.

Es claro, muchos riesgos existen con esta política.  Sin embargo, vivimos en un mundo de segundas mejores opciones.  Hay riesgo real de que el dinero se mal gaste, que se quite los incentivos a trabajar, pero aun así, los beneficios en cuanto a ahorro en el desperdicio que se da en los programas sociales que se justifican en nombre de los pobres, por razones de clientelismo, compadrazgo, y corrupción dominan los riesgos de costos por consecuencias no intencionadas negativas derivadas de sustituir simples transferencias por programas sociales ejecutados por el gobierno.

Dado que el dinero ya se gasta en este tipo de programas, es preciso preguntar si no se puede gastar mejor.  Es un precepto de la Economía Social de Mercado que todo mecanismo de compensación social debería de implementarse lo más acorde posible con los principios de una economía de libre mercado.  En mi opinión personal, la propuesta de una RBU cumple con este estándar.

La renta básica universal como mecanismo para reducir el peso del Estado benefactor

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