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Niños tiranos: cuando la autoridad cambia de lugar

COLUMNISTA

Niños caprichosos, que “hacen berrinches”, que desde temprana edad establecen una relación con sus padres basada en la “negociación”, que no aceptan límites sólo porque el adulto lo establezca, que ante una negativa a algo que quieren se enojan desmesuradamente, logrando así  que los padres se retracten y concedan lo que pretenden. Su acto, conducido por el “yo quiero”, no registra nada que intente detenerlos.

Si se indaga en su historia, encontramos que han comenzado a ejercer su tiranía a edad muy temprana, dos o tres años, y que a medida que han ido logrando más desarrollo de su motricidad, sus caprichos comienzan a ir acompañados por una actividad desenfrenada. Movimientos arrítmicos, sin sentido, que no son permeables a una acotación del Otro, donde el cuerpo es un mero objeto que se desplaza sin pensar.

Esto que cada vez es más frecuente ver en la clínica actual con niños, nos interroga acerca de qué ha pasado en la constitución de este sujeto, cómo ha llegado a esta instancia ya que sólo pudo haber ocupado un lugar de “autoridad” si sus padres, quienes deberían haberlo asumido, se lo han cedido, quedando como testigos pasivos de sus excesos y sometidos a su régimen de tiranía caprichosa.

Para que exista un amo es necesario que haya un esclavo, para que el niño pueda ejercer una posición dominante es necesario un otro que se someta a él. Esto deja ver que ha habido una dificultad de los padres en ubicarse en su rol dentro del núcleo familiar, cediendo su lugar a un sujeto que trata de manera fallida, funcionar como un niño sólo, que hace lo que quiere.

Si bien en la familia hay un malestar relacionado con este intercambio de roles, el escenario donde estos chicos entran en más conflicto, es en el ámbito escolar, porque quieren aplicar su régimen dictatorial de la misma manera en un contexto que no se le permite.

Es allí, donde la Institución escolar convoca a los padres sugiriendo que vean a un especialista, para ayudarlo con estas cuestiones.

Se recomienda a los padres que al detectar éstas características en el niño consulten a un especialista, anticipándose a la intervención escolar a fin de que su tránsito por este ámbito les sea lo menos conflictivo posible.

Por otro lado, también se sugiere que no sólo se busque ayuda para el niño sino también para ambos padres, para iniciar un tratamiento psicoterapéutico en forma individual ya que estas cuestiones que implican a la función paterna son aconsejables sean trabajadas en este espacio.

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