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La paz y la felicidad… ¿se puede?

Recientemente me recordaban un consejo para ser feliz: Olvidarse rápido de lo negativo es sano y que la necesidad de hablar mal del otro indica una baja autoestima, es decir: yo me siento tan abajo que en vez de subir, bajo al otro.. Y añadía otro muy  concreto: ve tú adelante y deja que la gente vaya adelante: vive y deja vivir… es el primer paso de la felicidad.

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Coincidentemente supe de una locutora de Televisión en USA que difundía la necesidad social de hablar claro. Levantó una polémica después de contar una visita con su novio al Memorial del Holocausto de Washington, pues comparó aquella tragedia del holocausto judío en tiempos de los nazis con el aborto actualmente;  y señaló  que coinciden ambos en que niegan que todos somos seres humanos, con los mismo derecho a la vida. Y por ello no se puede asesinar como se hace ahora porque ‘no merecen vivir’, por lo que son asesinados,  masacrados niños con síndrome Down u otras discapacidades, los enfermos, los ancianos. Y subrayaba que “el valor de la vida humana no varía por la enfermedad o a la salud, por la riqueza o por la pobreza, por llegar al estado de ancianidad o aún no haber nacido fuera del vientre materno”. Lenguaje claro, preciso, básico para la felicidad.

Es éste un tema básico para la convivencia social, por supuesto comenzando en la vida familiar base de la entera sociedad. Y aquí podemos concretar: hay que hablar claro, sin pleito pero siendo claros. Cuando se habla de qué es la familia hay que partir de lo que realmente es: una realidad antropológica, social; y no calificarla como un concepto de naturaleza ideológica, que tienen fuerza sólo en un momento de la historia y después decae; la familia tiene una fuerza en sí misma: está fundada en un  hombre y una mujer, abiertos a la vida.

El economista Richard Layard, de la London School of Economics, aseguraba que, aunque en las últimas décadas hemos doblado nuestros niveles económicos, muchas encuestas muestran que no somos más felices que nuestros predecesores, aunque ahora sí tenemos más medios para saber lo que proporciona felicidad a la gente. Y señalaba que no necesariamente es el dinero lo que proporciona mayor felicidad; y que la familia –la fundada en el matrimonio el de siempre, desde la creación- constantemente aparece como elemento que aumenta la felicidad.

Concretándonos a nuestros países con los valores de siempre, se ve que ha sido y es  una ventaja social que se propaguen claramente esos principios válidos para todos, entre ellos la verdad sobre el ser humano. Hay que ser claros: no  nos estamos quedando atrás en el progreso de los tiempos, en cuestiones como el divorcio, el aborto, el valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural. A pesar de los fallos que tenemos, hay que estar convencidos de que defender esos principios de siempre es un bien para todos; por supuesto para la entera sociedad.

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