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La Guatemala que no ha podido ser

NUEVO

Me comentó uno de mis profesores de filosofía hace algunos años, el doctor Constantino Láscaris, de origen griego,  que Guatemala es un país hermoso, de una linda e impresionante naturaleza,  profunda riqueza cultural e historia compleja difícil de comprender. Escabrosa y sinuosa.

En este lugar que vivimos es una Guatemala que no ha podido ser. Recordamos  la ruptura del gobierno de  Jacobo Arbenz por fuerzas  que se opusieron sin visión de futuro, a un proyecto de modernización económica con equidad social. ¿Qué propuso?: infraestructura (carretera y puerto al atlántico), electrificación, diversificación de la producción agrícola e industrial y   reforma agraria orientada a superar la pobreza y  la producción de  alimentos. No lo quisieron  y la historia nos cobra ahora,  esta imprudencia de los sectores conservadores  que generó en la vida nacional, el impedimento de   alcanzar un desarrollo sostenible y equitativo.

Habrá que recordar también, el esfuerzo de algunos  líderes procurando  que a través de una consulta popular, se ratificaran los Acuerdos de Paz con el voto ciudadano conducente a una Reforma Constitucional. Fue  un fracaso, porque  sólo el 20% de la población  conoció la propuesta.  Otros sectores  bloquearon el proceso a partir del manejo mediático de  un discurso  étnico-racial que aún perdura. Profirieron estos  ideólogos conservadores, la pertinaz idea del peligro de una partición del país. De esa cuenta, los acuerdos firmados el 29 de diciembre de 1996, caían  en un vacío social.

Obviamente  debemos reconocer a personas y organizaciones que  lograron a pesar de las diferencias y adversidades, impulsar esta nueva oportunidad  para  que la sociedad  guatemalteca alcanzara una vida con dignidad humana. Se desmovilizó la guerrilla y el ejército asumió un nuevo rol  menos represivo. Se paró la guerra y los sobresaltos de sentirse  acosado por alguna de las partes en conflicto. Retornaron  refugiados y exilados. Volvimos hablar con relativa libertad  y se superó  la paranoia. Pero  no fue suficiente. Las causas  del conflicto siguen vigentes.

Ahora, después de varios años,  se acentúa  la frustración, la desconfianza, el miedo al desempleo, la intolerancia. Miles  de hermanos parten al norte en busca de trabajo. Las familias se desintegran y el país recibe  dólares de estas personas que viven en condiciones difíciles en USA. Los jóvenes están  desencantados. La globalización llegó sin tener respuesta adecuada. La corrupción e impunidad salió a flote. Crece la ambición individual  a costa de lo que sea. Las aguas se contaminan. Las montañas se deforestan. El crimen organizado crece y las maras florecen. La educación se estancó, las enfermedades empeoraron y la pobreza creció.

No hay  proyecto  de país en el cual creer a pesar  de tantos acuerdos que  no logran cuajar. En fin,  no logramos arrancar. Peor aún, hoy en medio  de inmensas  complejidades como  las  turbulencias que mueven al mundo entero. Crece la incertidumbre e interrogantes sin respuestas. Los años que vienen serán más difíciles. Sin embargo, se pueden enfrentar ofreciendo soluciones, con el  aporte necesario del conocimiento, la experiencia vivida,  la inteligencia, la creatividad, la prudencia y el afecto comunitario para  encontrar las vías  pertinentes y equitativas.

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