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COLUMNISTA

El esfuerzo que uno hace por escribir y tratar de hacerlo interesante, ilustrado, pero sobre todo ameno, no es cualquier cosa.  En mi caso, trato de escribir sobre algún tema de interés coyuntural, de esos que sobran en Guatemala.  Pero que haya una plétora de posibles temas no hace el escribir sencillo; hay que hacerlo con pasión, como diría el Alcalde.  Con ese condicionante, les confieso que los temas de coyuntura me tienen un poco harto.  Los que opinamos sobre los temas lo hacemos siempre desde nuestra perspectiva propia; los liberales desde la perspectiva de la libertad individual y los socialistas lo hacen con una tendencia estatista.  Nada malo con ninguna de ellas en tanto se expongan los argumentos que, finalmente, tendrán eco en la población o no y, más importante aun, tendrán efecto positivo o no en la vida de todos nosotros.  Ese es el quid del asunto.  El problema es cuando por calenturas de uno y de otro bando se descalifica al otro por la simple razón de tener una postura contraria.  Desde la derecha -si, derecha- yo trato de exponer en términos simples por qué es que yo creo que una economía libre sin intervención estatal más que en los casos cuando algún agente económico abusa de su posición dominante, es la mejor forma de crear riqueza no solo para “los que ya tienen” sino en posibilidad de emprendimiento para todos nosotros.  También, por supuesto, hago mi mejor esfuerzo en exponer las debilidades de la postura de mis adversarios -más no enemigos- ideológicos como por ejemplo la imposibilidad de emprendimiento en sistemas socialistas, comunistas y por supuesto totalitarios.  En fin, así discurre la narrativa por estos días.

Mientras tanto, la Cicig lucha contra la corrupción (originalmente era contra la impunidad) y se lo agradecemos en principio, pero cada día que pasa resulta más que evidente que hay casos que la Cicig y el MP no tocan ni con un palo de tres metros.  Casos como el absurdo y malicioso retardo en que la CC entre a conocer una ponencia a cargo de Gloria Porras que regresaría a prisión preventiva a la hermana del diputado Orlando Blanco de la bancada UNE, aliada política de Cicig.  Y qué decir de una verdadera investigación en las denuncias contra Mayra Véliz.  Recientemente nos enteramos del supuesto “lobby” que realizó Edgar Gutierrez y Manfredo Marroquín para la elección del actual PDH.  Ante ese posible tráfico de influencias, ni pío.  ¡Imagínense si algún prominente empresario -por ejemplo- se hubiese acercado a bancadas para promover a algún candidato!  ¡Anatema!

La mayoría de la prensa y columnistas son comparsa de esa tan selectiva persecución y hacen chitón del elefante en el cuarto.  Por supuesto a los que señalamos lo anterior nos tildan de enemigos de Cicig, de corruptos, etc.  ¡Ni uno ni otro! En mi caso, no tengo interés personal alguno en ningún proceso, pero no me puedo quedar callado ante ese evidente favoritismo hacia un lado que, por casualidad nada más, resulta ser proclive a esa lucha selectiva contra la corrupción.  Es casualidad nomás.

Así las cosas, yo creo que debemos procurar ponernos de acuerdo aunque sea en algo; siempre se ha dicho que el nombre de este bello país pareciese condicionarlo al mal y la desgracia (aquello de Guatemala, gente mala) por eso, más que cambiarle el nombre a Guatemaya (que sería también lindo) yo propongo que le pongamos otro nombre que le quite ese apellido a Guate y le ponga uno positivo.  Yo propongo que le pongamos ¡Guatechula!

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