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Techo ideológico constitucional

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Nosotros, los representantes del pueblo de Guatemala –dice el Preámbulo de la Constitución—, electos libre y democráticamente, reunidos en Asamblea Nacional Constituyente, con el fin de organizar jurídica y políticamente al Estado; afirmando la primacía de la persona humana como sujeto y fin del orden social; reconociendo a la familia como génesis primario y fundamental de los valores espirituales y morales de la sociedad y, al Estado, como responsable de la promoción del bien común, de la consolidación del régimen de legalidad, seguridad, justicia, igualdad, libertad y paz; inspirados en los ideales de nuestros antepasados y recogiendo nuestras tradiciones y herencia cultural; decididos a impulsar la plena vigencia de los Derechos Humanos dentro de un orden institucional estable, permanente y popular, donde gobernados y gobernantes procedan con absoluto apego al Derecho.” ¿Cuál es la finalidad de este enunciado? ¿Qué función desempeña dentro de nuestro ordenamiento jurídico? y ¿Cuál es su relación con el “orden constitucional” cuya defensa tiene a cargo la Corte de Constitucionalidad? Son algunas de las preguntas que suscita este texto (usualmente olvidado y soslayado por nuestras autoridades). Estas reflexiones contribuyen a explicarlo.

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“Toda política –dice Oscar Hasperué Becerra—responde a una determinada concepción de la vida y del hombre. No es indispensable que el político de la actualidad tenga conciencia clara de esa relación para que la afirmación sea válida. Mas como la política no es pensamiento puro sino que exige realizarse –gobernar es conducir y conducir es un modo de acción–, necesita medios eficientes para hacerse efectiva. El medio por excelencia, aunque no único, es la norma jurídica, cuyo conjunto constituye el orden jurídico de un Estado, de una civilización, etc.

El orden jurídico, por lo tanto, objetiva en reglas obligatorias el pensamiento político de una determinada concepción de la vida y el hombre. Mediante la norma jurídica, la política regula el comportamiento del hombre. Según sea la política adoptada será el ordenamiento jurídico.  En el Estado moderno o Estado de Derecho, todo ordenamiento jurídico es –debe ser, al menos—una unidad lógica y axiológica.  Por sus formas, las diversas figuras jurídicas componen una estructura lógica, un sistema jerarquizado, en tanto por sus contenidos obedecen a una determinada tabla de valores, a una cierta estimativa.

El pensamiento y la voluntad políticos inspiran y cristalizan inicialmente en la ley primordial del Estado, la Constitución. A su turno, la axiología o política de la Constitución, sobre la que descansa la estructura del Estado y la vida de la comunidad, se comunica a los restantes contenidos jurídicos, asegurando de esta manera la armonía del sistema y evitando incongruencias que la comprometan y sean semillas de desorden, como el que se advierte, por ejemplo, al analizar la legislación de la mayoría de los Estados democráticos de origen liberal en relación con sus respectivas leyes supremas.” (Homocracia. Teoría política del hombre integral. Cajica, Puebla, 1974, páginas 442-443).

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