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Confieso que no he leído a Miguel Ángel Asturias

Columnista

A mis 71 años, aun no he podido leer a nuestro Premio Nobel de Literatura 1967. Quería respaldarme en el clásico “Soy un guatemalteco medio”, pero no es cierto. Para empezar, con la edad que tengo, represento alrededor del 3% de la población. Tengo más nivel de educación que la media del país. He vivido más de la mitad de mi vida en el extranjero, hablo tres idiomas, he leído la obra de Pablo Neruda, visitado sus tres casas en Chile, he visto la película “Il. Postino”, etc. Amigos me han espetado ¿Para qué la confesión pública? ¡No es política ni literariamente correcto! Lo hago, para que otros como yo, encuentren una ruta alterna al mundo de Miguel Ángel Asturias.

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Estuve en la inauguración de la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua), me fascinó escuchar elogios múltiples sobre la obra de Asturias, especialmente de Sergio Ramírez y del director de la Alianza Francesa en Guatemala. He consultado con guatemaltecos que han leído toda la obra, otros la han estudiado, ellos, me recomendaron empezar con “Huelga de Dolores”. Tengo el libro “El Señor Presidente”, con varios intentos de lectura, todos fallidos. El primer día de Filgua fui temprano a comprar el libro recomendado para iniciarme en Asturias, sin embargo, se me atravesó el Libro de Oswaldo Salazar; Hombres de Papel,  lo leí como tomarme una soda carbonatada, sin respirar,  sintiendo el cosquilleo en mi cuerpo,  como una chispa que refresca.

Con Hombres de papel,  cobré consciencia de la vida de Asturias, sus mujeres, hijos,  obra,  cabildeo para el Nobel, su vida bohemia en Paris, Francia; Guatemala, Buenos Aires, Madrid, España y ciudad de México. ¡Fascinante! Desde luego, yo conocía  la vida, frases y lugares comunes de su obra, sin haberla leído nunca, a pesar de todos los intentos. Hay libros que nunca leeremos, pero  los conocemos y norma nuestras vidas.

El Señor Presidente, Hombres de maíz, Leyendas de Guatemala, Los cuentos del Cuyito, El hombre que lo tenía todo, todo, todo, Mulata de tal, etc. son de esos libros.  Admiro la obra de Asturias, su vida, sus palabras y sonidos, su cosmogonía maya, su realismo mágico, su guatemalidad. Estoy consciente que decir que no he leído a Miguel Ángel Asturias es ofensivo para algunos, pero lo confieso, sin agresión, malas intenciones, sino con tristeza y  frustración. Me gustaría penetrar sus entrañas de mago de las palabras, escuchar sus retumbos de sonidos y visiones fantasmagóricas sin parpadear, atento a la siguiente palabra, suspiro y silencio.

En el mundo de los alfabetos de Guatemala, especialmente entre los intelectuales, hay verdades inconfesables, como la mía, que al decir la verdad, creen que se daña la imagen de Asturias. Yo represento a miles de guatemaltecos que tienen el mismo problema y que darían la vida, por una zambullida en el fabuloso mundo de Miguel Ángel Asturias.

Parafraseando a Pablo Neruda, podría decir: “Confieso que he vivido, pero no he  leído a Miguel Ángel Asturias”.

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