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En toda empresa se da el compartir y el competir. Este último incluye comprar, producir, almacenar, diseñar, empacar, entregar, cobrar, distribuir, vender, etcétera; procesos que construyen nuestra competitividad, aseguran nuestra productividad y logran nuestra rentabilidad. Hoy quiero concentrarme en el compartir; esta vertiente hace empresa, la anterior hace negocio.

Quienes no aprenden a comunicarse y convivir con los demás, o a integrarse y hacer sinergia, se quedan fuera de la jugada. Hay que compartir a fin de sobrevivir.

  • Compartir propósitos. La querencia de la organización se integra de la suma de las voluntades de sus miembros, de la confianza de contar con el empeño de los demás en la consecución de objetivos comunes. Hay que aprender a conciliar visiones distintas.
  • Compartir esfuerzos y talentos. Cada uno aporta su tarea y aprende a coordinarse con los demás, a aceptar al otro tal como es y como trabaja, a adecuarse al esfuerzo conjunto armando un todo sinérgico donde los talentos se complementan.
  • Compartir oportunidades. La capacidad creadora de nuevas posibilidades no debe seguir dependiendo sólo del líder máximo; cada vez son requeridos más participantes. Los directivos habrán de aprender y enseñar a superar la resistencia al cambio manejando ideas y proyectos, eligiendo las mejores oportunidades, y decidiendo y conduciendo el abandono de las obsoletas.
  • Compartir recursos. Los recursos son siempre limitados; nadie puede disponer de ellos sin medida. Mesura, respeto, previsión, negociación, prudencia, son virtudes a desarrollar. Es crucial definir en equipo cuáles son nuestros mejores recursos y priorizar su manejo.
  • Compartir decisiones. Ponerse de acuerdo después de analizar, sintetizar y presentar diferentes puntos de vista exige madurez, saber escuchar, asertividad y capacidad de expresión. Decidir en equipo también implica solidarizarse con la decisión tomada y apoyar su implementación.
  • Compartir información. Con la nueva tecnología la comunicación se convierte en ventaja competitiva de más y más compañías. Nadie puede guardarse la información. Los directivos, y todos, necesitan desarrollar actitudes cooperativas y mantenerse “conectados”, de modo que no se conviertan en cuello de botella del flujo de la información.
  • Compartir compromisos. El saber que no estamos solos, que la responsabilidad es compartida, que cada uno hará su parte, nos da seguridad y nos alienta a esforzarnos más. El compromiso de cada uno compromete a los demás, creando una cadena de voluntades comprometidas que detona la capacidad de logro.
  • Compartir valores. La cultura organizacional cohesiona cuando nos identificamos con unos principios operativos comunes. La unidad de criterios para trabajar y relacionarse con el mundo le da fuerza a la organización, mejora la toma de decisiones y enfoca las energías de todos.
  • Compartir lenguaje. Cada compañía tiene sus propios términos, expresiones, frases. Cada nuevo mercado, región o producto, implica la creación de piezas comunes de lenguaje.
  • Compartir méritos y logros. Los resultados también se comparten. Debemos aprender a compartir, también, la satisfacción del deber cumplido y de la meta lograda. Es frecuente ver líderes que no reconocen el valor de las contribuciones de todos.
  • Compartir poder. Este aprendizaje es muy difícil para las empresas en crecimiento. Incluye saber delegar, respetar la autoridad de los demás, mejorar el desempeño de mis roles, descubrir talentos, integrar capacidades de liderazgo que complementen las mías, etcétera. Estas capacidades incrementan la flexibilidad de la organización y detonan la velocidad de aprendizaje.

Todo este aprendizaje forma el contenido de la escuela del compartir en nuestra empresa. Los directivos y maestros son los líderes de todos los niveles organizacionales; ellos conducen la enseñanza. El director general de esta escuela es obviamente el propio empresario, quien ha de orquestar todo el quehacer de conjunto para propiciar que el aprendizaje ocurra.

 

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