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COLUMNISTA

Estamos frente a los significados y prácticas de la educación que se vive en varios contextos como la familia y la comunidad en distintas regiones del país, especialmente aquella educación en comunidades con cultura y tradición milenaria que en estos tiempos se resiste a morir.  Es común escuchar expresiones como “ser más persona”, “es necesario reconocer la vida de todo lo que nos rodea”, “hay que apreciar con ternura lo que tiene vida”, “lo que vemos mantiene la vida”, “tenemos que convivir con la madre tierra”. Estas expresiones orientan actitudes y acciones que forman parte del diario vivir.

Aprender a vivir se adquiere con el estilo de vida que hay en la cotidianidad familiar, con el significado de las palabras, con los ejemplos a la vista, a través del diálogo, a través de la admiración y cuidado de la naturaleza, con el caminar del tiempo, con respeto a los aportes de los seres vivos a la vida, con el reconocimiento de la fuente de vida que viene de los astros, entre otros.  Se aprende a vivir de la mano de mamá y de papá y de la sabiduría que esconden las arrugas de la abuela y del abuelo. Se aprende a vivir con el juego, el trabajo, la observación, las vivencias y las expresiones artísticas que deleitan al ser humano.

Aprender a vivir se vale de conocimientos que aprecian la presencia del otro, que reconocen la vida de la tierra, que hacen feliz a las personas, que cultiven la ternura en las relaciones que mantienen la vida, que propician participación de mujeres y hombres y que logren comprender que la salud de las personas depende del bienestar de todas y todos.  Aprender a vivir se vale de conocimientos con espíritu y por eso hay discurso para darle bienvenida a la persona que nace, al vínculo entre tiempo y vida, al día de la tierra, al día del agua, solo por mencionar algunos ejemplos. Disfrutar el espíritu de las palabras y afinar el oído para deleitarse con la sabrosura de las palabras que agradecen por la vida de la humanidad y del planeta.

Se aprende a vivir siguiendo las orientaciones que invitan a apreciar la naturaleza y tomar de ella lo necesario para vivir, pensar en el bienestar de las generaciones que vienen tras de nosotros y escuchar refranes cuyo significado y práctica es respetar y conservar la naturaleza. El conocimiento sobre el hábitat nos dice que hay plantas para adornar, aromatizar el ambiente,  conservar la salud y mantener el agua. Aprender a vivir en un contexto donde la persona es alguien más del tejido invisible de la vida.

Es importante identificar y comprender que la educación para aprender a vivir se caracteriza por la espontaneidad, la alegría, la armonía de estar con, usar conocimientos para referirse a cada uno de los seres vivos, vivir los valores y tener presente que somos muchos sobre el planeta que aspiramos a vivir de manera fraterna.

Educar para aprender a vivir la dimensión espiritual de las personas, es una oportunidad que invita a mantener el espíritu al conocimiento que se comparte de una generación a otra. Aprender a vivir junto a otros permite construir un mundo armonioso, justo y democrático bajo la responsabilidad de todas las culturas y pueblos que conforman Guatemala.

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