El Siglo

Crónica de un festín selectivo

Corría el año 2004, y se fraguaba bajo la mesa la constitución de un ente que supuestamente tendría la misión de combatir los cuerpos y aparatos clandestinos incrustados en el Estado; sin embargo, su verdadero propósito sería uno muy distinto, callar y presionar mediante la aplicación del derecho penal del enemigo, a todos aquellos que de una u otra forma eran incomodos para los “intelectuales” de extrema izquierda. Así y de esa forma se concibió la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), la cual a la postre utilizarían para concretar sus perversos fines. A ese estafermo se le dotó además de un presupuesto millonario libre de fiscalización, así como de varios privilegios que se asignan a los miembros del cuerpo diplomático acreditados en una nación, entre ellos inmunidad judicial y administrativa y exención de impuestos.

En sus primeros años de vida, este espantajo se confió al ególatra español Carlos Castresana Fernández (2007), quien se caracterizó por sus elocuentes apariciones dramáticas, como la que montó cuando acusó a un notable abogado de haber planeado su propio asesinato, todo para proteger y dejar impunes a los verdaderos responsables, que en esa época ocupaban la casa presidencial; un cuento que al pasar los años nos mostró una tragicomedia cargada de testigos y pruebas falsas. De la misma forma nos presentó también la película Pavo Real, una novela de gran presupuesto pero baja calidad, que hoy cae por su peso con la absolución nacional e internacional de los sindicados, donde el ingrediente esencial al igual que el caso anterior, fue la presentación de testigos y pruebas adulteradas.

Luego de una salida bochornosa del español por la puerta de atrás, llegó el turno del tico Francisco Dall´Anese (2010), quien en los tres años a cargo de la Comisión, no tuvo relevancia alguna más que sacarle provecho al jugoso sueldo libre de impuestos que se recetó mes a mes durante su insípida gestión. Ya para el año 2013, la estafeta estaba a cargo del bellaco Iván Velásquez Gómez, un tipo cuestionado en su natal Colombia por tener nexos con movimientos de la narco-guerrilla de extrema izquierda. Así, el nuevo Comisionado, con una visión limitada por su sesgo ideológico inició una gestión plagada de ilegalidades y favoritismos encaminados a obviar los graves hechos de corrupción de sus padrinos politos y aliados de la UNE, por ejemplo el famoso caso conocido como Transurbano el que involucra al Consejo de Ministros del gobierno de Álvaro Colom. En vez de ello, junto a grupos oscuros de la supuesta sociedad civil, planificó usurpar y desnaturalizar el legitimo movimiento ciudadano del 2015, para montar así un espectáculo político que según él, llevaría a sus adláteres al poder.

¡No fue así! Luego de la cacería sangrienta que inició en aquel 2015, y que a la fecha ha llevado a más de un centenar de personas a la prisión preventiva, hoy los procesos se encuentran entrampados, pues no han logrado superar la etapa preparatoria. Aún así, con esos resultados, don Iván pretende manosear nuestra Carta Magna para imponer a fuerza de extorsión y chantaje a nuestros diputados una reforma al sector justicia que a todas luces no se adapta a la necesidad de los guatemaltecos y que de ser aprobada nos conducirá directo al gobierno tirano de los jueces. Mientras tanto en la cárceles guatemaltecas esperan a ser juzgados los presos sin condena.

.
.