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Los cheques seguros y el resto con hambre

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Los burócratas son una clase aparte. Los hay que aparecieron en la nómina del presupuesto del Estado producto de ese milagro que sucede a los afortunados, que después de muchas o pocas antesalas, malas caras de los que ya están instalados, cepillo en bolsa para transformarse en la extensión de la mano, atenta y servil, lista para pasarlo sobre escritorios, trajes y algunos hasta en los zapatos del jefe, terminan celebrando el primer cheque que tiene su origen en la Tesorería de la Nación.

Garantizar ese ingreso mensual, seguro, puntual y a veces con prestaciones, dependiendo del Ministerio y la capacidad de someter al ministro de turno, que entre la amante y el sindicato, casi siempre termina manteniendo relaciones igualmente íntimas con el sindicato, vendrán las prestaciones adicionales: Bono 14, bono vacacional, navideño, aguinaldo y de acuerdo a las páginas del pacto colectivo, así el volumen de las agregadas y siempre onerosas ventajas económicas, que han hecho de los líderes sindicales, expertos en materia laboral, con el legalísimo y exclusivo privilegio de no tener que trabajar.

Desde luego hay funcionarios de primera, de segunda, de tercera, los descartables, los de planilla y los que tienen que pasarle las dos terceras partes del sueldo nominal al que tiene como prestación adicional un determinado número de plazas, para completar su ingreso. Además de los viáticos, gastos de representación y desde luego esa beca que trasladada al necesitado beneficiado, a quién le ofrecen que igual que el dirigente sindical, tampoco tendrá que trabajar. Y como ventaja adicional no tendrá jefe, sino un recaudador designado.

Es decir, que los burócratas, como clase aparte, desarrollan diferentes  patologías, fobias, complejos, odios y desde luego, desde los más poderosos hasta los de más baja jerarquía. Todos sin excepción tienen su cuota de víctimas, casi siempre, miembros de esa masa indefinible y hostil, a la que se tiene que atender por obligación y tratar como miserables pedigüeños.

Aunque su eficiencia se medirá en la medida que aprenda a ignorarlos. Y se graduará, cuando en lugar de seres de carne y hueso, a los usuarios de sus funciones, los consideren fantasmas, sin masa corporal, solamente que  incapaces de espantar a nadie y por adición sin derecho a que se resuelvan sus problemas.

Alimentar, eso sí, su misión escondida de enaltecer ese ego insatisfecho y ambicioso,  de quién desde la posición más alta a la más baja, disfruta con singular placer: Su gran, mediano, pequeño o mediocre poder.

Ah el poder, ese elixir maravilloso de todo aquel que lo llega a ejercer. Y que pronto olvida que sin ese aditamento agregado, vale solamente lo que vale… por lo regular… nada.

Verlos con una radio patrulla que los cuida y les sirve con reverente sometimiento… y después con el mismo despliegue, solo que para que no se escapen.

Ah el poderoso,  desde el que firma los nombramientos de los Ministros, pero se inclina respetuoso frente al representante de un poder más poderoso, hasta el último que con uniforme como segunda mudada, pasa inadvertido en el transporte colectivo, hasta que se lo pone.

Algunos lo ejercen como su broma íntima, cuando es más una perversidad, de aquellos afortunados que alejados de la plebe que los sostiene, y siempre los ha sostenido a lo largo de la historia de la humanidad, lo ejercen abusivamente, buscando siempre o casi siempre, incomodar y nunca servir, a su desconocido y despreciado patrón.

Ese anónimo miembro de la plebe que le paga mensualmente el cheque. El único ingreso seguro, del que sabe que llueva, truene o relampaguee, tendrá su cheque, ignorando a  quién lo hace posible, aquel anónimo de la plebe silente y explotada, que sin cheque, con un desempleo disfrazado de chance independiente, no sabe qué hacer para pagar los gastos y alimentos de su casa.

El burócrata tiene el cheque y tranquilidad los próximos 30 días y el anónimo populorum jalándose los cabellos para lograr comer y que le paguen a su desconsiderado y abusivo empleado.

Desde el humilde lustrador de zapatos, haciendo su oficio en el parque centenario y que no le pone mucha atención al IVA que pagó por la pasta que da brillo a los zapatos, la tinta con la que les resalta el color, el paño que compró para sacarle brillo ni mucho menos al del tortrix que se comió como único alimento al mediodía y la gaseosa que compartida y pagada por mitad con el compañero de espacio, contribuyó a bajarle los precarios alimentos saturados del reseco cogote.

Pero les cuento que logré colarme en el extremo opuesto de aquel escenario, en el de la otra esquina, ahora conocido y señalado como presunto proyecto de delincuente y no de empresario. Esta vez, al frente de  su imponente despacho, donde se habla de millones o cientos de millones o quizá de miles de millones, de quetzales y a veces y no pocas, de dólares.

No se cómo pude aceptar presenciar aquella reunión bajo severa condición de permanecer callado.

La  mesa de sesiones de caoba reluciente, con impecables sillas, de la misma madera y cuero, que serviría a partir de ese momento para compartir comentarios del más alto nivel de iguales inter-pares, es decir iguales, entre iguales… Todos platudos.

El cónclave de muy escogidos empresarios, de esos que hacen cheques al Gobierno para sostenerlo y también para los trabajadores de sus empresas, con  actividades productivas en el país y desde un tiempo a la fecha también en el extranjero…

¡En el extranjero!… una expresión que se escucha repetidamente cada vez con más frecuencia.

Vos Mario, se dirigen a uno de ellos,  posiblemente el más rico de Centroamérica, ¡Qué cabronada! parece que provoca cólera que seas un guatemalteco reconocido por pistudo- le dice Alejandro… otro de los contados miembros de aquel club… bueno, vos, por lo menos parece que te asociaron en el camote con el segundo más rico del mundo, así que no te degradaron a vos solo.

-Muchá no es broma – intervino invocando seriedad don Manfredo, un hombre mayor, frente a quién Antonio mueve afirmativamente el rostro como confirmando la observación.

-Bueno- continúa asumiendo la actitud doctoral del hombre con experiencia en mil batallas de su sector … tengo la impresión de que se rompió la tregua.

-Que opinás vos Richard le cuestiona a otro de los presentes, que aunque no compite en fortuna parece que les aconseja bien.

-Sí señores, yo confirmo esa tesis –respondió- Se terminó la tregua que no duró ni  90 días – afirmó con aires de certeza… -¡¿Cómo así?! exclamaron casi todos al unísono-… -Pues yo también opino lo mismo hizo coro Roberto, otro de los convocados, también en calidad de consultor privilegiado y previendo que don Richard podía adelantarse con su mismo análisis – prosiguió – Pues está claro, decidieron una tregua, para dar tiempo a que se impulsaran las políticas aprobadas por la intervención– continuó recurriendo al eufemismo que evita citar nombres concretos de personas o instituciones a las que consideran como ejecutoras de las políticas aprobadas extra-fronteras – No se avanzó en las reformas planteadas y los muchachos del Congreso miedosos pero modosos… se hicieron los babosos… Y nosotros bajamos la guardia y nos sentimos menos acosados y  dejamos todo a la libre- resumió la primera parte de su intervención.

-Pero yo qué tengo que ver en ese lío… para que me embarren con ese lodazal… protestó el más platudo…- pues lo agarraron de chompipe de la fiesta y de señal grandota del  fin de la tregua… dijo respetuoso Roberto tratándolo de usted,  al hombre de los párpados entrecerrados que es evidente que fue tocado en su dignidad, orgullo y prestigio personal.

-Lo pasa es que el presidente, con sobrada razón, se les está zafando, y pareciera querer adelantar la fecha de la independencia patria y la presión de la agresión procesal a sus seres más queridos, le ha incendiado la sangre y sintiéndose más solo y acosado que Drácula en una iglesia, desconfiando de todo y de todos, pareciera caminar en dirección opuesta a la que supuestamente le fijaron. Sintiéndose sin el respaldo de sus cercanos colaboradores, les reclama lealtad y trabajo y los otros se hacen los sordos… insistiendo en hacer sus ejercicios cotidianos de  maratón en la Avenida Reforma, mientras el señor presidente no logra poner de acuerdo ni siquiera a su ministro de Comunicaciones, en el fallido estado de emergencia. Cómo pueden creer ustedes que se atreva a expresar públicamente “Que le extrañaba que se decretara ese estado de excepción” haciendo caso omiso que se supone una decisión tomada en Consejo de Ministros – concluyó Roberto su opinión – dándole espacio de nuevo a Richard, haciendo evidente que allí igual que cualquier lugar, se habla en clave, se prohíbe entrar teléfonos, como lo hacen también los funcionarios de alta jerarquía, respondiendo a una sensación generalizada de que se vive en un estado policíaco… Richard no con mucho entusiasmo tomó lo que le quedó por concluir de aquel análisis de situación… – Bueno la verdad, como yo lo veo, pareciera que el Congreso se animó a reclamar cierto grado autonomía… pero desacreditado como está cualquier acción que asuman los infiltrados, los entreguistas además de los culpables los hacen tan vulnerables… que hasta un acto de independencia se lo acreditan como de corrupción. En esas condiciones cualquier bandera que levanten… está quemada de antemano. Y los que mandan lo saben. El más leve acto de indisciplina y los ponen inmediatamente en orden. Nada que no sea entrega incondicional tiene en ese Organismo, viabilidad o camino frente a la opinión pública… y tienen que apretarlos de nuevo… – certificó su opinión.

-El Ejecutivo licuándose de manera aislada – continuó… rodeado de colaboradores que agarran las plumas como que estuvieran en eterna goma, es decir temblando… no quieren firmar ni su necesaria y urgente renuncia…

En esas condiciones en lo operativo, solo les queda disciplinado el Organismo Judicial, que diluido en cientos de nombres sin nombre, no tienen inconveniente en mantenerse en esas posiciones porque saben que ni firmando la sentencia de muerte de cualquier ciudadano, se recordarán de su firma ni de su nombre…  Y la  Corte de Constitucionalidad alineada y con interventora conocida, pues garantiza que todo es garantizable o mejor dicho legalizable… así la situación – dijo con tono de solemne preocupación-… volvemos a la incertidumbre… retornamos a la confrontación… ustedes comiencen a pensar en invertir en otra parte y si algún día termina el temporal, quizá algunos funcionarios se den cuenta que sin el lustrador de zapatos, el comerciante que cada día tiene menos gente a quién vender sin los cheques seguros y los bonos 14.

En fin… tenemos que aceptar que estamos en guerra, la que invoca la decencia y la lucha contra la corrupción. Designación impecable e irrefutable para reclutar respaldos y señalar enemigos y cómplices de enemigos de la honestidad y buen Gobierno… Y en toda guerra hay daños colaterales que siempre los paga y soporta… la plebe… Ustedes – se atrevió a decir con valor-… toman su dinerito y se van a otro lugar. Al fin y al cabo el dinero no tiene nacionalidad y siempre es bien recibido en todas partes,  como Rey sin trono.

Al fin y al cabo estamos acostumbrados a tener flamantes ministros de todo, sin nada… de Salud, sin hospitales. De la defensa cuidando presos y desarmados. De Gobernación sin cárceles y con más delincuentes que policías. De Comunicaciones sin carreteras. De agricultura sin semillas, silos, ni fertilizantes para sembrar. De Medio Ambiente sembrando un árbol por una selva que se pierde y pidiendo estudios de impacto ambiental para poner una carreta de chucos. De economía persiguiendo que no se invierta en nuevas empresas, porque pueden crear sindicatos peligrosos. De Educación, con más sindicalistas que maestros y muy pronto sin alumnos que tendrán que ir a las calles a pedir limosna para ayudar la economía de sus padres sin trabajo ni esperanza de tenerlo. Ministerio de Trabajo, para proteger millones de desempleados. De Cultura, disfrazado de albañil para que no le caiga el Palacio sobre su despacho.

En fin un Gobierno con toda la barba, sin peluquero que se la corte, y con plata pero sin permiso para usarla. Con burócratas que ignoran que la plata sale del pueblo para pagar su cheque seguro. Y que cuando se termine esa minita de oro donde viven sus dueños como mendigos el cheque se terminó. Y la plebe los buscará para pedirles cuentas… La plebe… la auténtica plebe… no quienes dicen que actúan en su nombre y  se olvidan que su nombre es Guatemala y les cuesta pronunciarlo.

En fin señores, los cheques seguros, que todavía se generan en el país, pareciera que al paso que vamos estarán muy pronto en vías de extinción, no de dominio, porque no son cosas ni casas… sino se de esos que se generan por la producción y no nacen por generación espontánea.

Ustedes se irán si las cosas se ponen más crudas… los extranjeros también… será la plebe… esa plebe que ignora que en su nombre se comenten tantas tropelías… la quedará desolada… aunque es difícil imaginar si se puede estar peor… – el cierre del asesor, pareció un discurso frente al panteón y que escuchamos como oración fúnebre de despedida.

Todos cabizbajos prefirieron tomar café y quedarse callados. Aquella reunión donde se debiera hablar de las inversiones y el desarrollo más parecía una reunión de accionistas de una funeraria.

Escuchándolos y mordiéndome la lengua, haciendo honor a mi promesa de no abrir la boca llegué a la conclusión, que efectivamente todo lo que se dijo era palmariamente cierto.

Y desde luego, con mis amigos cuando nos reunimos y sacamos el tema de la burocracia, se irritan y piensan que hay temas más importantes de qué hablar.

Pero aquel día ese era el plan antes de la inesperada convocatoria a participar en calidad de mudo.

Aunque algo me parecía raro… de repente sentí que me sacudían fuertemente. – Don Edmundo… Don Edmundo – me decía Federico, el buen lustrador de zapatos del parque frente al Palacio Nacional… Se quedó dormido.

Menos mal pensé… con el corazón todavía  agitado… ¡Qué mal sueño!.

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