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Venta legal de marihuana y…

Recientemente salió la noticia de que Uruguay comenzaba  a vender la  marihuana producida bajo control del Estado, algo sin precedentes. Una marihuana producida por empresas privadas en terrenos bajo vigilancia oficial y se vende al público desde este miércoles en envases que contienen cinco gramos de la droga.

Coincidentemente apareció hoy una carta de Marcelo Crespo cuya presentación  es sugestiva:  “La marihuana no hace nada (y yo me lo creí)”, experiencia que dice que todos deben leer. Entre otras experiencias comenta que “muchos la consideran una droga “light”, incluso que no causa adicción; pero lamentablemente cada vez son más los jóvenes que consumen marihuana y ahí quedan atrapados, como fue su caso”.

Es interesante cuando narra de Juan, un  amigo que, cuanto le decía que me sentía genial, que eso era porque no me daba cuenta de la realidad. La marihuana altera lo que yo percibo o lo que capto de las cosas y veo una realidad diferente al que no fuma. Según el nivel de marihuana que tenga en mi cerebro, proyecto, vuelo, medito sobre mi vida. Me hacía unos castillos fantásticos, en el aire, pero después no concretaba nada.

El punto es que algunos piensan que disminuiría la delincuencia legalizando la droga entre ellas la marihuana; otros consideran que aumentarían los adictos, y se destrozarían más vidas y familias. Legalizarla es, para la mentalidad de muchos, como que el Estado le da permiso a la droga para que entre en nuestra vida.

De hecho, cuando hace un tiempo se legalizó en Argentina la tenencia de drogas para uso personal fue, interpretado por la mayoría como una aprobación de la droga, como una promoción del “derecho individual” a drogarse. Y señalaban que “las consecuencias del consumo están a la vista los fines de semana: accidentes de tránsito, peleas y muertes dentro y fuera de los lugares de recreo… Además, el 80% de los que llegan al hospital han consumido alguna droga, particularmente marihuana , aparte que los jóvenes sufren baja en el rendimiento escolar, y la degradación paulatina de la salud y la desintegración de la familia”.

Es preciso que los que hacen la opinión pública tengan posturas claras y firmes. ¡Qué bueno sería que nuestras autoridades dijeran con claridad que drogarse hace mal, que los narcotraficantes comercian con la vida de los jóvenes, la felicidad de las familias, la seguridad de todos!

En una situación parecida alquilen escribía en el Financial Times, diciendo  legalizar las drogas es un billete sólo de ida a la destrucción de millones de niños, al aumento de los crímenes violentos y a una elevación de los costes sanitarios. Y hacía una consideración interesante: que, en gran parte, la actitud hacia la legalización se origina en un gran sentimiento de frustración, en la percepción errónea de que hemos perdido una guerra.

Realmente aún no hemos ganado la guerra contra las drogas; estamos ante  es un flagelo que, aunque afecta más dramáticamente a la juventud, incide en la entera sociedad: actual y futura. Y podemos vencerlo…

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