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Necesitamos un estadista para gobernar

Columnista

Cuando transcurre la segunda década del siglo XXI al Estado de Guatemala le toca vivir momentos difíciles en su administración, aún se vive el recuerdo de los años productivos del bien común a mediados del siglo XX, en la etapa del Estadista Juan José Arevalo Bermejo que gobernó al país después de haberse capacitado convenientemente, además de ser honesto y tener una gran conciencia cívica y fuerte preparación humanista para gobernar, con la visión de promover la dignificación de todos y que bien se refleja en la parte final de su discurso de despedida que textualmente señala: “Solo sabría deciros si esto que se ha logrado en Guatemala deba llamarse democracia o cosa parecida. Los profesores de doctrina política le darían un nombre. Pero si por su fatalidad de hábitos conceptuales o por comodidad idiomática quiere llamársele “democracia”, pido a vosotros testimonio multitudinario de que esta democracia guatemalteca no fue hitlerista ni fue cartaginesa” al entregar el poder a su sucesor.

Al interpretar el término “estadista”, es el apelativo que identifica aquel personaje que se distingue entre todos los responsables políticos de un país, que son líderes  que están por encima de las divisiones partidarias y de los sectores, con inquietudes claras de creatividad para la búsqueda del bien común y que asumen plenamente sus responsabilidades, es un personaje con capacidad extraordinaria por encima de lo ordinario y común, con una visión de trascender y servir en el momento preciso y que prever acontecimientos para no actuar después de los desastres y compadecerse de los que sufren, entiéndase que es el líder que crea condiciones para que los ciudadanos vivan en mejores condiciones, sin duda, éste es el tipo de personaje que Guatemala necesita para orientar los destinos de un Estado que se desmorona cada día.

Lo apuntado por el Dr. Juan José Arévalo tiene concordancia, y se puede afirmar que después de seis décadas, es tiempo de pedir a los que aspiren a ser el próximo presidente de Guatemala, que sigan el ejemplo. No se puede improvisar, tampoco hacer acopio de los caudillos que se apropian de agrupaciones políticas, manejadas por grupos con intereses perversos o agrupaciones del crimen organizado, que han perdido la misión de servir para promover el bien común.

El Tribunal Supremo Electoral tiene la misión del funcionamiento de las organizaciones políticas, preparar a la ciudadanía para elegir conscientemente a su gobernante, celebrar  asambleas para elegir a los directivos de cada entidad política en forma transparente, pero, ¡Está en deuda!, es hora de ordenar los reglones torcidos de la democracia a que nos han sometido, contribuyendo con su inoperancia a la indignación política que ahora nos quejamos.

Seguros debemos de estar, que no todos son malos y que al menos  hay un porcentaje de la población de aproximadamente 16 millones de habitantes que pueden ser seleccionados como los mejores para dirigir los destinos de la Nación,  con dotes de estadistas. ¡Guatemala necesita hoy, que salgan del escaparate los ciudadanos idóneos y se revistan de civismo para servir con honor a la patria! Para despojar a la grey política que ejerce el populismo, nepotismo, paternalismo y el clientelismo, plagado de altos indicadores de corrupción.

El que pretenda gobernar Guatemala, debe prepararse conscientemente para cumplir la misión de recrear el Estado, con una visión de verdadero estadista.  No es posible dar muestras de que la academia no vale para gobernar, el Dr. Juan José Arévalo, es el mejor testimonio, de que para gobernar se debe preparar con altos estándares de calidad académica para servir.  El próximo presidente de Guatemala debe ser un académico de alto nivel, honesto, humanista y con valores cívicos, debiendo emular a este distinguido gobernante; de lo contrario, es inminente la caída libre del deterioro del Estado.

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