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¿Qué sería de Guatemala sin las redes sociales?

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Resulta evidente que el último circo del colombiano Velásquez no tuvo ni la sombra del impacto que las funciones anteriores tuvieron. La explicación, definitivamente, se encuentra en las redes sociales.

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¿Ha pensado usted qué sería hoy de Guatemala, si la información estuviese solamente en manos de los medios de comunicación tradicionales más importantes? Analícelos uno por uno y verá que, o están cooptados, o están prostituidos, o los están reprimiendo. Incluso hay columnistas de opinión –de izquierda, por supuesto-, que dóciles acuden al llamado del colombiano a recibir instrucciones, que después se ven reflejadas en sus escritos.

Así las cosas, ya la gente no es la de antes; inmediatamente después de las primeras manifestaciones de 2015, se dio cuenta de qué manera la extrema izquierda se trató de apropiar de un movimiento ciudadano prístino pero no ingenuo, y rechazó a los manipuladores. A eso se debe que el circo montado por la CICIG el viernes pasado, sea ahora duramente cuestionado.

¿Cómo es posible que todo arranque a raíz del beneficio que se le otorgó a  Julio Carlos Porras Zadik, cuando fue juzgado a escondidas, oculto de la opinión pública? Porras Zadik fue condenado a prisión, e inmediatamente puesto en libertad, después de que, en secreto, declaró ante un juez una historia a la que el colombiano Velásquez, obviamente, le dio la forma que quiso. Una muestra más de cómo el sistema perverso de administración de justicia, importado de Colombia, utiliza al Organismo Judicial y a la prensa a su conveniencia. Producto de esas declaraciones, que no presenció un solo periodista, ni siquiera los de izquierda, Velásquez responsabiliza a Julio Ligorría de varios delitos de los que, es obvio, él no es responsable, con la intención de vincular en sendos procesos judiciales a importantes empresarios, tal el caso de Mario López y los Gutiérrez Bosch.

Se criminalizó un arreglo entre particulares –las empresas Tigo y Telefónica- como los que se dan todos los días, que tuvo como mediador a Julio Ligorría. Por otra parte, si hubo donaciones de dinero para una campaña política, canalizadas a través de empresas de Alejandro Sinibaldi, el responsable de indicar a nombre de quién debían girarse los cheques respectivos, fue él, y no los donantes que, dicho sea de paso, tienen derecho de hacer con su dinero lo que les venga en gana.

Además, maliciosamente el colombiano Velásquez trata de hacer ver como delincuentes a los Gutiérrez Bosch, por haberle vendido al Partido Patriota una gran cantidad de Pollo Campero, lo que equivale a quererlos hacer cómplices de un secuestro, porque en el reducto de los secuestradores se encontraron sendas cajas del tierno, jugoso y crujiente pollo. Absurdo.

De resultar esos grupos corporativos vinculados de manera artificiosa a delitos relacionados con el Partido Patriota, se estaría involucrando injustamente no solo a un importante conglomerado de empresarios, pero también se estaría castigando injustamente al país completo, dadas las graves repercusiones económicas que ello acarrearía.

La multitud de capturados el viernes pasado, a la que se suman quienes se están entregando debido a que hay orden de captura en su contra, ya no son parte del circo que antes se aplaudía. Se comprende ahora que muchas de esas personas, lejos de ser delincuentes, fueron víctimas de la extorsión de Sinibaldi, que los obligó a pagarle para que se les pagara lo que el Estado les adeudaba. Son víctimas de un sistema corrupto que debe acabar, pero sin acabar con el país por medio de una amañada lucha en contra de la corrupción.

Iván Velásquez no hace más que lo que todo burócrata ineficiente y mañoso sabe hacer: justificar su puesto de trabajo. Todos comentan acerca de los Q2 mil millones que ha costado la CICIG y del monstruoso sueldo del colombiano, en contraposición a sus raquíticos logros y el grave daño que le ha hecho a Guatemala. Su abuso es tal, que la justicia selectiva se ha convertido en su religión. Los grandes ausentes en las cárceles hoy, a pesar del clamor ciudadano, son los funcionarios corruptos del gobierno de la UNE. Se protege a capa y espada a Mayra Véliz, que desde hace mucho debió ser separada del cargo de Secretaria General del MP, y ni siquiera se necesita ya de la presencia de la Fiscal General Thelma Aldana cuando se llevan a cabo operativos como el del viernes pasado. Para todos es obvio que su figura no es más que un adorno, y que la extrema izquierda, con el colombiano Velásquez dirigiendo la persecución penal, está blindada incluso de los actos de terrorismo que realizó durante la guerra.

Ante una prensa cooptada, prostituida o reprimida, no queda más que la valiosa opción de las redes sociales. Aprovechémosla al máximo.

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