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La libertad de prensa, derecho o mercancía

170716 mirilla libertad de prensa

Cada semana, cuando frente a mi mesa de trabajo, me siento para elaborar mi planteamiento, estructurando los temas, e invitando a mis interlocutores, para animar este diálogo entre ustedes y yo, no puedo menos que apreciar su decisión de abordarlo con el interés de encontrar un punto de vista, que más allá de compartirlo o cuestionarlo, lo reta a pensar y lo más importante a fijar una posición en medio de una andanada de mensajes de todo tipo, que encauzando la información universal, nos aturde y apenas nos permite retenerla más de unos minutos y no más de algunas horas, y solamente en el caso de que un acontecimiento nos haya llamado la atención.

Yo los admiro como ustedes no tienen idea. Tomar la decisión de leer un artículo de las dimensiones de los que escribe Edmundo Deantés, pareciera una prueba semanal a su vocación por  la lectura, tan disminuido en un mundo que redujo la comunicación de los líderes del globo terraqueo, a instrumentos tan alienantes como los tuits que en todas las ramas de la actividad humana, han condensado el tránsito de la información masiva a mensajes de 140 caracteres, que se visualizan, se viralizan y se olvidan.

El efecto mediático llena su función, en la medida en que estimula la prisa por leer el mayor número de la más variada información en el menor tiempo posible.

Será este el triunfo de la tecnología que supera nuestra propia conciencia de evaluarla en razón de la oportunidad que nos brinda enterarnos de más cosas, saber más y por añadidura pensar menos.

En principio parece una provocación al morbo que nos acerca a los pensamientos más próximos de los famosos: presidentes, artistas, escritores, dirigentes políticos o sociales.

La primera interrogante sería preguntarnos: ¿A que nos acercamos?… ¿A lo que dicen que piensan?… o ¿A lo que realmente piensan?

Seguramente será… a lo que dicen que piensan. Un pensamiento consistente, salvo la fórmula de Albert Eistein que demostró en una operación de cinco caracteres que existe una equivalencia entre la energía y la masa y que la expresó de manera genial en su ecuación: E= MC2, el pensamiento humano, reclama un ejercicio perpetuo en el planteamiento de posibilidades infinitas de aproximarse a la verdad.

Y hay que entender que el resumen de la fórmula de Eistein, fue el resultado de llenar y descartar miles de operaciones que llenaron por muchos años cientos de pizarrones y cultivar académicamente su excepcional cerebro.

Mi interés por tocar someramente este tema, surge de la preocupación ingente de evitar que nos transformemos en instrumentos inanimados de una nueva forma de dominación universal.

El hombre (especie) decía Aristóteles es una animal de costumbres, social, irremediablemente gregario. El Zoom Politikon, esencialmente político.

Y pareciera que la nueva guerra que tendrá que librar la humanidad es la de no convertirse en un ser cuya voluntad sea anulada por el manejo de la información, hasta el punto de transformarlo en un zombi socialmente manipulado por esa tendencia a evitar que piense por cuenta propia.

-Esa es la guerra más cruenta en este mundo- don Edmundo- me decía Kenneth Massey un viejo y leal amigo, a quien yo identificó esencialmente por ser un pertinaz luchador por las causas de la niñez Guatemalteca.

Pero hoy parecía preocupado por la disputa – según me expresaba su preocupación – por la invisible invasión del subconsiente de los seres humanos, que finalmente responden, casi mecánicamente, a la presión de todos aquellos instrumentos que terminan por condicionar su pensamiento y lo más grave… su conducta.

-Ha visto usted a los niños riéndose en torno al cadáver de un linchado, cuyo humeante cuerpo pareciera más una escena diabólica, don Edmundo – me puso el primer ejemplo del ser humano como como producto de su entorno, que termina por acostumbrarse a lo cotidiano, que se transforma en usual, aunque sea dantesco.

Y efectivamente, recordé cómo reaccionamos al principio, pero terminamos por sumar nuestra voluntad al resto de quienes reaccionando como autómatas, dejan de actuar, producto de sus decisiones íntimas, absolutamente personales y se suman a una voluntad colectiva, cuyo peso abrumador termina por transformarnos en zombis sociales.

Y vino a mi memoria la protesta que llevada hasta el extremo, en las filas de automóviles prácticamente estacionados a lo largo de la calzada Aguilar Batres, recién instalado el Transmetro y que transformó aquella obra de don Raúl, creador en los años setentas, de esas vías que para la época, reflejaban lo racional de pensar en el manejo del tránsito como parte fundamental del crecimiento urbano.

La calzada Roosvelt, la San Juan, la Martí y desde luego la que se bautizó con su nombre, no anticipaban que 47 años después, sus obras en lugar de ampliarse serían divididas en espacios más pequeños que harían reventar su capacidad de circulación.

Aquella mañana regresaba de Amatitlán y saliendo de la cuesta de Villa Lobos, los vehículos prácticamente paralizados, esperando que la inercia empujara sus carros a punto de incendiarse por el recalentamiento del motor, los llevaba a la desesperación y les hacía abrir las portezuelas, salirse de sus vehículos y poniendo sus manos en forma de cono para hacer escuchar su voz, proferir los insultos más groseros contra del alcalde de la ciudad que les había sometido a semejante tortura.

Y era lógico pensar que la Aguilar Batres, diseñara aquellas vías para desfogar cómodamente el parque automotor de la época que seguramente no pasaría de los 100 mil carros circulando. Hoy, con más de un millón y creciendo todos los días, en el mismo espacio, pues era lógico pensar en el no previsto final 47 años después.

Por eso la reflexión de Kenneth me trajo a la memoria aquella conducta, que también colectiva, provocaba la reacción hostil y grosera de los automovilistas en esa cuesta y lejos todavía de llegar por lo menos al Trébol.

Años después, ese hombre de costumbres, al que se refería Aristóteles, se domesticó y se sumó, con gran paciencia a su penosa situación colectiva. Dejó de vociferar en espacio abierto y para que todo mundo lo oyera y despersonalizando su pensamiento y reacción individual ante el peso de la evidencia, se rindió, entró al mingitorio, antes de emprender el viaje y le recomendó a su pareja que hiciera lo mismo, y  un envase de doble litro para emergencias, se transformó en el nuevo e inseparable accesorio obligado, además del ticket, llanta de repuesto y llave de chuchos de nuestra maltrecha carcacha.

La derrota antes de presentar batalla, está anticipada, cuando se deja de pensar y uno suma su conducta a la sugerida por el resto de una sociedad domesticada por dosis eficaces del mensaje inductivo y permanente, de quienes dominan la información.

Pensar… Pensar… y hacerlo por cuenta propia… es la manifestación más elevada del espíritu y expresarla su derecho más sagrado.

Ya lo afirmaba Buda:

“Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado; está fundado en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos”.

Y esa mente iluminada y contemporánea de Albert Eisten remarcaba “Al principio todos nuestros pensamientos pertenecen al amor, después todo el amor pertenece a nuestros pensamientos”.

Y en medio de toda esa enmarañada y compleja manipulación de la información para dominar la bravía conciencia de los seres humanos-masa, hará que para la década de los 30, de este siglo, todos portemos un chip inserto bajo nuestra piel, para que esa inteligencia de control universal tenga nuestra información vital y documental al alcance de una pantalla.

Kenneth me buscaba pedir mi voz de protesta por los desmanes que sufren los alumnos de la Escuela Costa Rica, sometidos a recibir sus clases en medio de la lluvia, que cae a discreción de aquellos techos sin techo. Y según me comentó indignado que el maltrecho edificio, por decisión de los Supervisiores de Educación Norte, sirve también de sede para un grupo llamado Nucleo Familiar de Educación que ha creado un conflicto de conductas contrastantes con los pequeños alumnos de la que fue mi propia y primera Alma Mater y de otros jovencitos como Julio César Méndez Montenegro, Manuel Colóm Argueta, también de otro expresidente Arana Osorio y para mí, especialmente el centro educativo, que sirvió de plataforma laboral a mi papá, antes de graduarse de Abogado.

Ramiro De León, les donó el terreno en Gerona con cláusula exclusiva, de su destino como espacio para la construcción de su nuevo edificio. Este nunca llegó, y el que ahora tiene, también sirve de sede para otros propósitos que han relajado los incidentes poco edificantes con los que se encuentran los alumnos todos los días. La escuela está prácticamente en proceso de extinción material.

El ministro, a quién este escribidor, traslada nuestra justa protesta, bajo amenaza de ser inscrito en la página de enemigos de la educación en proceso de graduarse, sabrá responder a esta respetuosa petición de alumnos, exalumnos y espíritus que ya en la gloria de Dios, retornen a vengarse de semejante afrenta a la historia de un plantel con historia.

Yo lo haré, le dije a Kenneth, pero ahora sigamos con esa apasionante conversación sobre el destino de la libertad de conciencia de los habitantes de nuestro planeta.

-Perdone don Edmundo- pero a mí la que me preocupa es la de nuestro propio pueblo- y no dudo que a usted también- me respondió frunciendo el ceño.

-Y aquí la gran pregunta don Edmundo, se formula planteando la interrogante ¿Si la libertad de información es un derecho o una mercancía?

-Pues para mí Kenneth, claramente es un derecho de la población, jamás una mercancía- respondí convencido que el manejo comprometido de los medios de comunicación, que obedecen a consignas más que a principios, es una grave agresión a la independencia de conciencia y decisión que debiera alentarse en la población.

Pero es evidente que se ha transformado en una mercancía, disputada a nivel mundial a partir de las grandes cadenas multimillonarias de comunicación, que son capaces de crear conflictos o borrarlos en cuestión de minutos, y de manera simultánea en todo el globo terráqueo, y que nos hace esclavos de las tendencias a que nos tienen sujetos a las decisiones de los grandes intereses de manipulación de opinión pública.

Y si eso es a nivel planetario, nuestra conducta local no difiere de esa tendencia para transformar a nuestra colectividad en una masa que responde o la hacen responder a los intereses de quienes tienen la capacidad de dominar los medios de comunicación social o alternativa, a través de la falsificación de opiniones uniformes y que ya son producto de centros de control de esos espacios que nos quedaban a los ciudadanos para ejercer nuestra recién alcanzada conquista de opinar.

Los llamados call center, maquinaria para imponer masivamente puntos de vista ajenos totalmente a los que pudieran emitir seres de carne y hueso, con derecho a ser escuchados.

Esa manipulación orquestada y manipulada para deformar los sentimientos y pensamientos de la población, son los nuevos instrumentos de una guerra, que ya no requiere de enfrentamientos entre soldados frente a frente, ni de cañones de corta o larga distancia,  utilizando drones o aviones teledirigidos que sustituyen a los pilotos de aeronaves sin arriesgar la vida.

Es la guerra de la información, siempre a disposición del mejor postor, de quienes ejercen el poder real, muchas veces lejano del poder formal, que se transforma en instrumento de trámite para legalizar las decisiones de los verdaderos usufructuarios del poder.

Manifestaciones con peticiones imposibles, pero que tienen un papel en la trama de quienes los ponen en su presupuesto al margen de la voluntad de los terminan marchando como zombis.

Decisiones judiciales que alimentan la pobreza que justifica el estallido social y la confrontación entre zombis.

Zombis, que se enteran que su gobierno existe en el presupuesto pero no en las decisiones.

Treguas que se rompen y justificando con la represión de los más malos, amenazan a quienes hicieron de la tregua jolgorio y dejaron de cumplir con la agenda planteada, diseñada y ejecutada por el verdadero poder que se ejerce a discreción y pone a temblar a inocentes y culpables.

O caminan… o caminan, dice el último mensaje, acogido con entusiasmo por quienes se sentían abandonados momentáneamente de su tarea de destruir la paz social.

Vuelve Thor, Dios mitológico del trueno, a iluminar el cielo con relámpagos restauradores de la ley y el orden.

La tierra de los zombis tiembla y los obliga a regresar a sus tumbas.

La incertidumbre se apodera de quienes dejaron curules y hemiciclo frente al trueno que se oyó más alto que los gritos de los inconformes y disidentes.

La pluma del despacho presidencial se llena de tinta por aquello de que la necesiten para firmar la prórroga del contrato que de hoja de papel bond, cada día se transforma en cartulina que cubre casi por completo la superficie del magno escritorio.

Y así, discutiendo si la información es un derecho de los ciudadanos o una mercancía para manipular a los ciudadanos y transformarlos en zombis, terminé mi conversación con Kenneth Masey, recordando que cuando yo estudié en la Costa Rica lo hice en la casa del Prócer de la Independencia patria don Pedro Molina Flores y de su esposa doña Dolores Bedoya, edificación majestuosa que albergaba, transformadas en aulas, las habitaciones y corredores de piedra labrada donde caminaron y durmieron quienes forjaron esta parodia de independencia patria, que celebramos y amamos, no como zombis sino como Guatemaltecos con dignidad y vergüenza.

Ahora en el espacio que ocupaba aquella legendaria casa y la posterior sede de la Escuela República de Costa Rica, se encuentra la sede de la Corte de Constitucionalidad, esa especie de congreso de la república donde se legisla, quizá porque en el Congreso huyen.

Y ahora nuestra amada escuelita, se encuentra en el barrio Gerona, muy cerca del edificio del Ministerio Público, donde sus niños, aprenden quizá por la influencia del imponente edificio a educarse como los futuros zombies, que sin techo e invadidos por extranjeros en su casa escolar, se empiezan a acostumbrar a recibir clases bajo el agua y educarse para ser parte de esa enorme masa a quiénes les arrebataron el derecho a la información transparente porque lamentablemente es la nueva mercancía de la dominación.

Ilustración: Panampost

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