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Escuelas y colaboración de los padres

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Después de intentar durante años  que los padres se involucren en la escuela, lo han logrado hasta el punto que algunos la han considerado incluso excesiva, Esto narraba un reportaje del “Wall Street Journal”, que recoge algunos casos, sobre todo de la enseñanza privada. Un par de ejemplos: durante los primeros días del curso, los profesores de Red Pine, una escuela de Eagan, solicitaron 30 voluntarios para acompañar a los alumnos de 5º a un festival: se presentaron 70 padres; la Washington Woods, en Westfield, pidió 22 voluntarios para asistir al ballet: se ofrecieron 175 e incluso algunos de los que no fueron elegidos en el sorteo compraron la entrada y acudieron por su cuenta… Y comenta que los profesores agradecen la ayuda extra y los padres dicen que les sirve para conocer a otras familias y establecer un contacto con los profesores que será especialmente interesante en el caso de que surjan problemas escolares en el futuro.

Por otra parte, en este tema se plantea positivamente que para el desarrollo correcto del país debe impulsarse la educación, y tener así  personas técnicamente capacitadas que lo hagan.

Y esto lleva al punto de que, para hacer una sociedad desarrollada, con la educación deben lograrse buenas personas, además de buenos técnicos. Educar profesionalmente es, sin duda, algo completamente necesario para tener una buena sociedad; pero está abocada al fracaso si la calidad moral de las personas decae; como alguien comentaba con sencillez: es como construir viviendas, pero al mismo tiempo difundir antivalores que hacen infelices a sus habitantes.

 Y es claro que para esa  acción educativa hay que asegurarse poner todos los medios para lograr buenas personas: para educar en la virtud no basta el  tener edificios o planes sofisticados. Y esto se podrá conseguir con seguridad -aunque cueste esfuerzo- si se recuerda los puntos básicos de la educación.

Uno de esos pilares básicos para lograr esa educación integral – conseguir buenos profesionales y buenas personas– es no olvidar que la escuela debe actuar aquí colaborando –no supliendo – la educación moral que corresponde primariamente a los padres, en la familia. Concretamente, los profesores deben proponer un mundo coherente de valores recibidos en el ámbito familiar. Si, por ejemplo, se diera una educación sexual contraria a nuestros valores de siempre, ya no se prepararía buenas personas, además de hacer un fraude a los padres, primeros educadores.

Por ello se percibe una exigencia cada vez mayor de que los padres se involucren en la escuela de sus hijos y no se limiten a colaborar en la gestión administrativa o en el aspecto financiero. Esto es vital también para ayudar en problemas graves, como la violencia o las drogas, que los profesores apenas pueden controlar sin la cooperación familiar. Y esto, sean escuelas estatales o privadas.

Las escuelas pueden ayudar muchos a los padres para ser más eficientes al educar a sus hijos; pero deben recibir el apoyo y la colaboración  de los padres: es un derecho… y una obligación de éstos.

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