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COLUMNISTA

Las modas y las tendencias van y vienen, cambian y, finalmente, quedan obsoletas; passé.  En la era de las redes sociales, los trenders mediante su influencia, hacen que atuendos, lugares, música o determinado estilo de vida se ponga de moda.  Algunos ganan millones por hacerlo.  Dichosos.

Más allá de cosas banales, hay tendencias ideológicas que de momento “se ponen de moda”.  En este sentido -y en muchos otros- Guatemala no ha estado a la vanguardia y, más bien, ha seguido las tendencias de otros lados.  El desafortunado “socialismo del siglo 21” es uno de esos conceptos que a Guatemala llega tardecito.  Desde su aparición en 1996 y su “popularización” en el 2005 por Hugo Chávez, el concepto se ha regado por buena parte del continente.  En Guatemala, hay trenders que, a pesar del paulatino fracaso de aquel concepto y del ignominioso gobierno venezolano, quisieran acá un régimen socialista del siglo 21.  Se atribuye a Octavio Paz decir que el último marxista-leninista morirá en una universidad latinoamericana; en la Guatemala del 2,017, el ser oenegero, progre o “socialista gucci”, parece no solo estar de moda, sino ser lucrativo. ¡Hasta cursos de “chavismo” se imparten! ¡Qué desgracia!

Los sicofantes contra el liberalismo achacan todos los males de la sociedad al libre mercado sin entender que, por lo menos en Guatemala, jamás ha habido un gobierno genuinamente liberal; aunque algunos han adoptado medidas liberales, casi siempre han venido de la mano de otras medidas proteccionistas o de procesos viciados por corrupción.  Con la izquierda borran lo que escriben con la derecha (el doble sentido es a propósito).

Ser liberal es defender la libertad.  Los progres se dicen liberales, pero confunden ser liberal con ser libertino, seguramente.  Cuando se les critica, chillan y dicen que son “ataques”.  Eso sí, sus críticas a nosotros son y deben ser protegidas porque si no, alegan que se les está coartando su libre emisión del pensamiento.  Nada nuevo.  Para el socialismo, solo algunos tienen plenos derechos, los otros, o sus enemigos, no.  Así son ellos.

Salvando las distancias, a los liberales se nos trata ahora como a Shylock, el prestamista judío a quien se le asigna el papel de villano en El Mercader de Venecia, porque así eran vistos los judíos en la era isabelina de Shakespeare.  Hoy, a los de derecha nos quieren hacer ver como villanos y, al igual que aquel personaje, somos atacados sin justificación y algunos enjuiciados mediante procedimientos abusivos y sin posibilidad real de defensa.

“¿Si se nos pincha, acaso no sangramos? Si nos hace cosquillas, ¿no nos reímos? Si nos envenenas, ¿no morimos? Y si nos tratas mal, ¿no intentaremos vengarnos?” (El Mercader de Venecia, Acto 3, Escena 1)

Al final, al pobre Shylock lo sentenciaron -ilegalmente- a despojarse de su fortuna y a convertirse en cristiano.  ¿Me pregunto si acá los progres o sus compañeros extremistas, de ganar, nos despojarán de nuestros bienes y nos obligarán a convertirnos al socialismo?  ¿Usted que cree?

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