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¿Qué pierde Guatemala al no aprobar la Ley de Competencia?

Columnista

El 30 de noviembre del año pasado era el plazo que señalaba el Acuerdo de Asociación entre Centroamérica y la Unión Europea para aprobar una Ley de Competencia en Guatemala. Evidentemente ese plazo transcurrió sin que se haya emitido el Decreto Legislativo. Ahora, 7 meses y medio luego el incumplimiento persiste, por lo que cabe preguntarnos, ¿qué pierde Guatemala al no aprobar la Ley de Competencia?

Para responder la pregunta anterior, es necesario tomar en consideración que se tiene programado, a nivel regional, que para el año 2020 se apruebe una normativa en materia de competencia a nivel centroamericano, el Reglamento Centroamericano de Competencia.

Guatemala es el único país, junto con Haití, que no cuenta con una regulación en materia de competencia a nivel Latinoamericano. Por lo tanto, la experiencia que se pueda ir generando en este tema, con la falta de aprobación de la ley, se va postergando con cada día en que se encuentre engavetado el proyecto de ley.

La iniciativa de proyecto de ley 5074 se encuentra en la fase de aprobación por artículos, de conformidad con el procedimiento legislativo. El Presidente del Congreso de la República de Guatemala, al asumir, afirmó que la Ley de Competencia se encontraba dentro de la agenda legislativa para este año; sin embargo, no ha tenido avances respecto del año anterior.

Mientras no exista una ley en la materia, tampoco se le da vida a la autoridad de competencia. Montar la infraestructura para darle forma a este nuevo ente estatal, que está propuesto como una entidad autónoma, tomará su tiempo. Las entidades no se montan del día a la mañana. Requerirá nombrar a la autoridad superior y, luego, invertir en capacitación del personal en materia de competencia. Tener una autoridad de competencia que funcione es un reto a mediano plazo.

Si se sigue postergando la aprobación, el país, en tema de experiencias, tendrá una menor injerencia en la redacción del Reglamento Centroamericano de Competencia. Un instrumento internacional, como dicho reglamento, debe ser producto de consensos e incorporar las experiencias por país en aras que exista un aplicación efectiva. Guatemala no se puede dar el lujo que tengamos una desventaja la negociación del reglamento.

Las experiencias que nos han dejado los acuerdos comerciales, en los que ya se incluyen capítulos de libre competencia, es que la voz de Guatemala no tiene contundencia porque no contamos con una autoridad y normativa en la materia. No podemos darnos el lujo de no estar preparados para dicha negociación.

Punto y aparte, la falta de aprobación de la ley, vuelve a poner a Guatemala en el plano internacional como un país que incumple sus compromisos. Es ineficiente que asuma compromisos que luego no existe la voluntad política para cumplir.

Más que un conjunto de artículos, lo que pierde el país al no aprobar una Ley de Competencia es que evidencia una falta de planificación técnica y política. Relegamos el liderazgo que deberíamos tener en la región centroamericana frente a la comunidad internacional.

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