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La madurez institucional se logra cuando el empresario desarrolla la capacidad de crear dolientes creativos, y que cada uno de ellos asuma la responsabilidad de una unidad, de una parte del negocio; que responda por ella y se complemente con otros miembros del equipo. Al crecer frecuentemente suponemos que un gerente va a responder por una unidad de la empresa; pero lo que solemos desarrollar son dolientes no creativos o creativos no dolientes.

Los dolientes no creativos son nuestra gente de confianza, los empleados fieles, leales, obedientes, que se entregan en cuerpo y alma por el jefe; pero que no tienen autonomía para responder a imprevistos o para aprovechar oportunidades anteriormente no visualizadas. No tienen autonomía para usar su criterio, para tomar la iniciativa y emprender nuevas formas de hacer las cosas.

Los otros, los creativos no dolientes, pueden ser gerentes muy capaces, generalmente traídos del exterior, con gran currículo, acostumbrados a ser autónomos, dispuestos a emprender innovaciones y a tomar las riendas de caminos diferentes; pero que no están comprometidos, que no comparten nuestra visión, que no se meten a fondo ni responden cabalmente en las áreas que se les encomiendan.

Cuando en la empresa aprendemos a desarrollar dolientes creativos, leales innovadores capaces y responsables que trabajando en equipo complementan sus talentos, rompemos el lastre de la soledad, pues concentramos al empresario y a cada uno de los miembros de su equipo directivo en sus campos de acción. Los mejores recursos son aquí las personas, con sus talentos y actitudes, los roles, las formas de ejercer el poder. Las mejores oportunidades son las actividades, las responsabilidades.

Al ir desarrollando en la empresa más dolientes creativos y concentrando los mejores recursos en las mejores oportunidades, vamos creando sinergia. Y por eso decimos que la concentración en la sinergia es la administración de los talentos, la dirección de las personas, el conocer y desarrollar a cada una de las personas y encontrar la manera de complementar todo el equipo.

Tradicionalmente la concentración del poder se ha referido a la centralización del poder en una sola persona o grupo de personas, o núcleo organizacional. Hoy se refiere más bien al aseguramiento de contar con un líder empoderado en cada nuevo frente de crecimiento o en cada unidad estratégica de negocio que lo requiera. Aprender a desarrollar dolientes creativos y a crear equipos sinérgicos es concentrarnos para vencer la soledad.

Doliente es quien realmente responde por las misiones que se le encomiendan, porque le duelen. No es el directivo que dice: “Bueno, me comprometo a llevar a cabo el plan de ventas que acordé con mi jefe”.

El doliente está por encima de los programas, de los acuerdos, de los convenios, de los presupuestos y de los proyectos. A él realmente le duele el resultado final de su gestión; se preocupa por las consecuencias, por el último logro; lo que le interesa es optimizar (promover óptimos), lograr con los recursos y oportunidades de su realidad, en su aquí y ahora, lo máximo posible de lo que él tiene a su alcance, bajo su responsabilidad, bajo su mando. Y logramos que algo le duela cuando llega a verlo como un bien, que, como tal, puede hacerlo plenamente suyo y llevarlo al nivel de lo óptimo.

El doliente no duerme si no logra lo que se propuso; no piensa en pretextos ni en justificaciones, no explica; él simplemente responde. Y dirigir la sinergia significa hacer un esfuerzo para desarrollar dolientes; significa lograr que al otro le duela, que responda, que haga lo más posible con los recursos y oportunidades que tenga a su alcance.

Para convertirnos en dirigentes más eficaces debemos empezar por conocernos, por identificar nuestras fortalezas y debilidades en el ejercicio del poder, por aceptarnos con humildad y madurez, por concentrarnos en los roles donde somos fuertes y complementarnos en los que somos débiles, aprendiendo así a compartir el poder.

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