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El difícil arte de saber esperar

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Ellos exigen justicia, pero solo cuando esta se aplica al otro bando. Alguno de ellos, retador, incluso expresa que confesó ante la gran mentira de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico su participación en la guerrilla, pero eso sí, cuando un fiscal lo citó a declarar, solo alcanzó a decir que él no fue, que él no estaba aquí, que él era un intelectual, o que era un inocente sindicalista, que ahora es defensor de los derechos humanos, y que se expresa un discurso de odio en su contra.

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Ellos se venden como paladines de la lucha contra la impunidad y la corrupción, pero cuando un juez ordena a la Fiscal General nombrar un fiscal especial para investigar a su segunda de abordo y se niega a obedecer, guardan un silencio atronador. Y cuando en otro caso a la jefa del Ministerio Público no le quedó mas alternativa que nombrar un fiscal especial para investigar a la misma reincidente, y escogió para ello al abogado de una ONG que pertenece a una ex terrorista afín a la funcionaria que debe ser investigada, de nuevo los supuestos paladines no dicen esta boca es mía, y callan en las redes sociales y ordenan a los medios de comunicación que controlan, guardar el más hermético silencio. Y además está el asunto de las visas, en el que de nuevo reluce la funcionaria a la que la Fiscal General se empecina en encubrir en un peligroso juego que la puede arrastrar también a ella al lodazal, y la izquierda supuestamente justiciera sigue en silencio, percibiendo cómo el embajador y la CICIG pierden fuerza con cada día que pasa.

A todo esto, las pulgas y las ratas hacen fiesta y los recién nacidos mueren por manojos, en medio del tufo de los desagües que contaminan el hospital, al mismo tiempo que la ministra pasea y tuitea en Ginebra. No importa. Su cargo es político, y la política es un asunto de percepciones, y la percepción de la gente está en manos de sus hábiles amigos netcenteros; al fin y al cabo para eso les paga decenas de miles de quetzales que bien se podrían utilizar para controlar las plagas en los hospitales pero qué carajos importa, si quienes claman porque Jimmy Morales sea defenestrado, se cuidan muy bien de no escribir ni jota del fracaso de la sobrina como ministra.

Que se jodan las mil 800 familias que se quedaron sin sustento con el cierre de la mina. Para los paladines de la izquierda no importa que una ONG ambientalista haya logrado cerrar la empresa a un costo de miles de millones de quetzales no por un tema ambiental, sino por uno que al final resulta ser de discriminación contra una etnia que no existe en el lugar. Qué importa, piensa la izquierda, que guarda silencio ante las bocas que ya no tendrán qué comer gracias a una Corte Suprema que le da trámite a un amparo a todas luces espurio. Para los autonombrados paladines de la lucha contra la impunidad y la corrupción, mejor si ya nadie invierte un real en Guatemala. Al fin y al cabo, es la crisis lo que a ellos les ha hecho ricos.

¿Y qué dice la izquierda ante el despilfarro del dinero de nuestros impuestos en la compra de un inmenso lote de vehículos blindados para la SAT? Guarda silencio, por supuesto. E incluso aplaude cuando el incompetente comunista que dirige esa institución, ante los reclamos por la compra de los carros, responde que va a comprar más.

Mientras tanto, nuestras acciones legales se van acumulando porque ahora luchamos contra el sistema,  aguardando los vientos de cambio que ya se comienzan a sentir. Y se hará justicia; porque debo aceptar que si algo aprendimos de ellos, fue el difícil arte de saber esperar.

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