El Siglo

“Me acompaña por favor”, una historia vieja y contada

Me pasó como cuando a Supermán lo neutralizan enseñándole cryptonita, aquel mineral  del planeta, donde nació, el hombre de acero, que lo despoja de todos sus poderes y que aprovecha el perverso Luthor para atacarlo.

De la 14 avenida de la zona 1 me llegó un mensaje desconcertante, el majestuoso edificio de Siglo 21 estaba siendo allanado por las fuerzas de seguridad, al mando una representante del Ministerio Público.

Sus instrucciones, revisar piedra por piedra aquella magnífica pirámide diseñada con el único propósito de ser albergue del pensamiento libre y de los mejores ideales para nuestro país.

En cada pared de ese monumento, está impregnada la loción de Jorge Carpio, que con su porte digno, carismática personalidad y simpatía, constituyó el alma de aquel impresionante y provocativo reto a la arquitectura. Ahora rodeado y lleno de policías en posición de prevención y respuesta inmediata, con una presencia innecesariamente hostil.

Mi imaginé el taj-mahal, vomitado por un borracho… pero los musulmanes no consumen licor…Pensé después,  en una ofensa  a la memoria urbana, en deuda por no haberlo reconocido aún como monumento histórico, siendo  el edificio más emblemático del sector.

Jorge Carpio no buscó la zona 9, o 10, o 14 para realizar aquella inimaginable inversión en un sector venido a menos por el desarrollo de la ciudad en otras direcciones, que amenazaba, tal como aconteció, transformar en ruinas nuestro centro histórico.

Pero la tenacidad de aquel hombre especial, retó a las tendencias de la época, que haciendo sótanos gigantes para edificios soberbios, desplazaban al abandonado casco urbano.

La vieja ciudad, después del terremoto, acusaba una pasmosa agonía que se llevaba con su muerte, el recuerdo de miles de jóvenes que habíamos hecho de sus callejones, calles y barrios, el territorio libre de todas nuestras ilusiones y travesuras juveniles.

Y así lo dispuso aquel hombrón de innegable estatura física, intelectual y política… el mártir de la Unión del Centro Nacional, que dispuso edificar aquella joya, a pocas cuadras de la casa donde creció Miguel Angel Asturias, para reafirmar las raíces de los barrios que dieron vida a nuestra petulante ciudad de Guatemala.

Colindando, calles de por medio, el barrio del Parquecito Colón, el del Cerrito del Carmen, La Parroquia, San José y Candelaria en ese sector, aquel reto se elevaría, por nuestra inclinación a los icónicos templos católicos, como un cirio inmenso, en aguda conjugación sincrética, con  la pirámide del Gran Jaguar,  y así, con tenacidad y firmeza  plantó aquella increíble edificación.

Su propósito, albergar un periódico, merecedor de la confianza y lealtad de sus lectores. A su amado hijo, Diario El Gráfico, le forjó su propia cuna.

Las rodillas me flaquearon, una tendinitis, inoportuna se interpuso para no responder como lo hubiera hecho Clark Kent, transformándose en Supermán, y ayudar en el incidente del allanamiento. Me sentí fatal, no pude llegar en aquel momento…Pero ya se había dado, en otras circunstancias, mi visita al majestuoso recinto.

-Bienvenido don Edmundo– me recibió amable el licenciado Amilcar Alvarado Nisthal, Presidente de Corporación de Noticias, cuando mis amigos, que me encontraron y casi obligaron a desempolvar la pluma, me presentaron al profesional a cargo de Siglo 21.

Él generosamente, para mi sorpresa, había dispuesto, caso excepcional, se me diera la Primera Plana del domingo 18 de diciembre de 2016,  fecha en que se publicó, en dos páginas radiantes de color, con la ilustración del genial artista Guillermo Lorenzent mi presentación a los lectores. Me estrené así, en este medio. De aquel momento para hoy, ya pasaron seis meses.

Desde el vil asesinato, aún en la penumbra de la verdadera impunidad, de Jorge Carpio, nunca más, había regresado al edificio donde, tantas veces nos había convocado a respaldar su proyecto, sobre un futuro distinto y digno para Guatemala.

La impresión que me causó el retorno, fue aplastante, y así se lo dije a mi anfitrión, licenciado Alvarado Nisthal, a quien por primera vez tenía el honor de conocer en aquel agradable encuentro.

Ya se había publicado mi primer trabajo y le agradecí el gesto inusual, de realzar mi artículo:  ME ENCONTRARON, como el  titular de la primera plana.

¡Me encontraron !

Contrato de condiciones, para suscribir con la empresa, ninguno. Honorarios, por este esfuerzo semanal, tampoco.

Don Edmundo no cobra ni un centavo por tener la suerte de comunicarse con ustedes todos los domingos… por el contrario lo considero una distinción… que también le agradecí al licenciado Alvarado.

Hubo otro personaje inolvidable en mi vida… Pedro Julio, igualmente lo hizo, para que, a mediados de los años 80, abriera con las dos páginas de presentación, la revista Domingo de Prensa Libre.

Teniendo referencia, del temperamento de su invitado el licenciado Alvarado inició la conversación, poniéndome en antecedentes de la nueva administración de los dos diarios: Siglo 21 y Al Día, no por los aspectos financieros que por mi condición de colaborador no tenía por qué explicarme. Pero si esperaba me liberara de mi preocupación por cualquier vinculación con los siniestros personajes del gobierno defenestrado por la población en los históricos eventos en los que participamos y que todos celebramos con gran entusiasmo y regocijo nacional.

La nube negra, que posó sobre la empresa, la ex vicepresidenta, era suficiente para rechazar con más energía la corrupción, así como comprobar y castigar su imperdonable pretensión de contaminar un medio de comunicación social.

Pero satanizar el diario, un instrumento de comunicación social, no es el camino, ni ético ni jurídico.

Depurada la sindicación, sancionados penal y mercantilmente los responsables, animar la pérdida de una voz periodística, en un país, donde hacen falta tantas voces, es un crimen de lesa censura prohibida por la propia Constitución de la República y con esa confianza, seguimos escribiendo con igual libertad y sin censura, en esta tribuna de la diversidad ideológica y neutralidad política o partidaria. Por lo menos en mi caso.

Según me comentó en aquella ocasión, no era fácil, cargar con el peso de una responsabilidad, plagada de enemigos ocultos, intereses económicos opuestos a la existencia de la empresa, motivados por la inclemente y voraz dinámica de la competencia.

Anular un medio de comunicación social, abierto a la pluralidad de ideas y posiciones, por la vía de la sanción social y la maniobra jurídica, no debería ser objetivo de la justicia

Anular esta publicación casi se volvió una consigna, especialmente por la apertura franca y sin censura, a plumas invitadas que han expresado sus opiniones, invocando otros motivos.

La naturaleza humana tan compleja y contradictoria, pudrió al Estado y levantó la protesta popular. La búsqueda de la decencia, nos condujo a rendir la autonomía de nuestras decisiones fundamentales y ponerla en otras manos. La consentida cruzada contra la corrupción, esperábamos que se orientara, a la persecución penal a los responsables y su justa y ejemplarizante sanción, pero, la redefinición jurídica y política del Estado guatemalteco, es un privilegio que corresponde por derecho propio y de manera exclusiva a los guatemaltecos.  La contradicción en ese aspecto dio origen a la confrontación. La lucha contra la corrupción, aunque suene parecido no es una lucha contra la Constitución. Rima pero son temas diametralmente distintos en su esencia y la dinámica de su creación.

Lo Constitucional, pertenece a la esfera de la Soberanía Popular,  y que solamente lo puede ejercitar de pleno derecho, en su diversidad y compleja estructura, de forma democrática, sin presiones y en ejercicio de su único y legítimo titular: El Pueblo.

Aunque en este diabólico juego de maniobras e intereses, el pueblo parece no importarle a nadie y al verdadero pueblo, ausente por la agobiante lucha por la subsistencia pareciera no importarle nada.

Y allí se gesta la concertación del temor, que deja poco espacio, incluso para las inofensivas opiniones independientes, no concertadas más que con la libertad de ejercer ese derecho, en libertad y sin abusivas consecuencias, desagradables para quienes no les gusta la disidencia.

Esa uniformidad de opiniones solo se dan en dictadura. Y los guatemaltecos, aspiraron a librarse de la dictadura de la corrupción, de la dictadura de las mafias políticas, la dictadura de la Judicialización de la Política tan nefasta como la dictadura de la politización de la justicia.

Se repudia los jueces que aplican su ley, igual que la dictadura de los procuradores de justicia que se vuelven dictadores. En síntesis abominamos la Dictadura del tipo que sea. Civiles o Militares, de togados o mafiosos. Aspiramos a un Estado de Derecho, donde no existe temor a la arbitrariedad de nadie, donde no existe temor a expresar las opiniones, donde no exista temor a la disidencia, en donde la filiación a determinados proyectos políticos, no sean compensada por contratos estatales que fijan honorarios por defender supuestos ideales. El  Estado de Derecho, no tolera ningún tipo de dictadura, porque su dominio parte de la igualdad y la ausencia de privilegios.

Hace prevalecer una justicia con respeto a los derechos acumulados a lo largo de la historia, privilegiando el respeto a los derechos humanos, que prescribe nuestra Constitución.

Los dictadores tienen nombres y apellidos, sean hombres o mujeres. En el Estado de Derecho, existe el temor a la ley, pero no el temor a los hombres.

Y la libertad de expresión, por principio, sustenta al Estado de Derecho, que no hay que confundirla, solamente, con los que están de acuerdo.

El poder se gana, en las urnas, no en los tribunales, Lo otorga el pueblo, no los jueces.

Esa es la única razón de buscar con gran sacrificio y lucha la Democracia y la Libertad.

Pero lo importante, además de esta digresión era mi conversación con el licenciado Alvarado que sabiendo de mi pensamiento atajó mis preocupaciones con una declaración categórica: -De la historia negra, olvídese don Edmundo- me aseguró con certeza,  y yo le creí.

Había valorado su buena fe, porque nadie sabe quién es el ladrón hasta que lo acusan, detienen y sancionan.  Y sabiendo de su impecable trayectoria profesional y personal su palabra para mí fue suficiente.

Me habían comentado amigos comunes de las referencias de su formación profesional y desempeño honorable en distintas actividades sociales y empresariales, que en mucho han contribuido a forjarle un sólido prestigio.

No es sencillo aceptar la responsabilidad sobre sus hombros, que además entraña un compromiso brutal de carácter moral, ético, incluso económica por los compromisos que implica y lo más sensible, el apego incondicional a los principios que exige una publicación, que proclama un pensamiento independiente y libre.

Les cuento que mido más de un metro 77. Los años me han achicado, porque recuerdo que llegue al metro 80. Era delgado ahora afiliado al partido de la eterna dieta.

Pero creo que mi alma le dio posada a la de don Alonso Quijano, el inefable y sabio Don Quijote, lo creo así por una innata resistencia al poder.

Me agobia la autoridad, y detesto aquella que se transforma en despótica o tiránica. Mis molinos de viento, los confundo con abusivos personajes que detentan y abusan del poder, en nombre de los intereses más sentidos de la población, como todos los tiranos. Igual rechazo me provocan las señaladas como fuerzas obscuras.

Y el sentido de impotencia de la gente, me hace afiliarme a quien en desventaja, presenta rostro, pecho, cuerpo y cara para evitar que se consolide cualquier estrategia intimidatoria que entrañe una naturaleza opresora, autocrática o totalitaria.

Por esa razón vi con simpatía a don Amilcar Alvarez Nisthal, porque emulando yo a un quijote, en consideración a su jerarquía no quise darle la posición de Sancho Panza, hice caso omiso de una incipiente protuberancia ajustada por el  cincho y terminé apreciándolo como un guerrero. Con su arrojo y decisión, ni por asomo sería mi escudero y muy por el contrario además de sus cualidades, es el responsable de este hermoso e histórico edificio donde amarré de nuevo, momentáneamente, mi rocinante y decidí, mientras me lo permitan, cambiar mi lanza por esta pluma que todos los domingos los invita a leer algo más grande que un degradante y anti-intelectual tweetazo.

Sin embargo, no dejo de preguntarme, por qué tanto despliegue para señalar a un medio, que se ha permitido abrir sus puertas a otras opiniones, no tan complacientes con todo lo que sucede en el país.

Porque estoy seguro, que este guerrero, se ha empeñado en ordenar y limpiar esta casa que ha honrado la historia del país.

Pero buscando razones quise analizar la lista de quiénes escriben en este diario, y esta intuición  me aclaró en parte mis dudas: Ricardo Méndez Ruíz apareció entre los primeros… ahh pensé ya le veo el color al caballo, con estos pelos de la crin en la mano, y volví a pensar en el legítimo derecho a disentir y defender con claridad y valor cívico, los ideales que motivan la existencia. Porque los ideales son, cuando se tienen el principal motor de la existencia. Y si de ese mal padece Méndez Ruiz, tiene derecho a estar grave y morir si es necesario por defender su derecho a estar enfermo de ideales.

Pero vi otros nombres importantes e igualmente impecables columnistas que llenan todos los días las páginas de opinión y  pensé, en honor a sus altísimas calificaciones… ah puede ser la envidia la que provoca la hostilidad de quienes aspiran a sepultar este medio:  Víctor Ferrigno, Gabriel Orellana, que además forma parte del Consejo Editorial, Ricardo Barrientos, Carmina Valdizán, Erwin Lobos, Fernando Marín, Alejandro Palmieri, Javier Payeras, Ramón Parellada, Carlos Dumois, Leonel Guerra Saravia, Virgilio Alvarez, Edgar Celada, Luis Linares López. Marta Yolanda Díaz Durán y otros personajes reconocidos por ser libre-pensadores… con escasos seis meses de ejercicio, no pensé en mi como motivo de irritación.

Será quizá la intención del gran aparato… al mejor estilo de la revolución francesa, en su época de gloriosa, la decapitación de este medio para poner a disposición de la sedienta vendeta popular, otra víctima inerme para que lo despedacen y sacie la exigencia semanal de otro toro para torearlo, aplaudir al torero y festejar a quien le corta la vida con la cruel espada.

O el gladiador atado, encadenado, con la distancia justa para poder defenderse, del oponente y del tigre de bengala que lo alcanza con las garras para acercarlo a sus fauces y terminar en segundos con su vida.

Afortunadamente, frente a las amenazas de fuerzas hostiles, nuestra Constitución Política, protegió la Libertad de Expresión de manera absoluta.

Artículo 35. Libertad de Emisión del Pensamiento“La actividad de los medios de comunicación social es de interés público y estos EN NINGÚN CASO PODRÁN SER EXPROPIADOS.  Por faltas o delitos en la emisión del pensamiento, no podrán ser clausurados, embargados, intervenidos, confiscados o decomisados, ni interrumpidos en su funcionamiento las empresas, los talleres, equipos, maquinaria y enseres de los medios de comunicación social…” Esta es palabra de…nuestra Constitución Política de la República. Mientras no se modifique, es palabra del pueblo y la voz del pueblo es….

La extinción de dominio, como ley ordinaria, se podría aplicar sobre acciones de accionistas, si los hubiera contaminados con la malvada corrupción que arrasó al país en el gobierno del Partido Patriota y por lo que están siendo juzgados sus principales dirigentes y más altos funcionarios de ese ingrato gobierno.

Pero hasta allí… no hay que alimentar el morbo que hoy está propicio para ser estimulado con el odio y la confrontación innecesariamente.

-Como está don Amilcar- pude balbucear con pena por teléfono, ante la magnitud del momento que pasaba, el principal responsable de la publicación.

Con el azúcar hasta arriba, sin medicamento al alcance de su mano, el edificio le daba vueltas frente a sus ojos, que no alcanzaban a entender la presencia de aquel contingente impresionante de fuerzas de seguridad.

-Usted está tomado, y cuidado obstruye a la justicia porque ordeno que sea conducido, le increpó, al siempre respetuoso y cordial ejecutivo de la empresa, la responsable de la operación, que con semejante autoridad, no resisten el instante de darle un caramelo al ego, y ejercer el efímero momento de su porción de mando.

-Mareado por el nivel de azúcar, poco podía reaccionar un hombre de trato afable y sumamente sencillo como don Amilcar, frente a la inocencia perdida de aquella joven con ganas de poner firmes a todo el mundo.

Estos ojos que han sido testigos de tantos actos de salvajismo y arbitrariedad a lo largo de la vida, mucho podrían contar de los distintos disfraces, de la represión a lo largo de nuestra mancillada historia, todos, con trajes de legalidad, de aplicación de la ley, de la búsqueda o restablecimiento del orden social y a veces el colmo, revestidos con el apelativo de justicia.

Dejenme recordar… era asesor del presidente Balaguer en República Dominicana y del presidente José Figueres (padre) en Costa Rica. Para protegerme del gobierno de turno La Fundación para el Desarrollo Internacional (IDF) me había contratado como para asistir a esos dos gobiernos. Conocía a don Pepe, porque había sido director y mi maestro en la Escuela Interamericana de Educación Democrática, en Costa Rica y me invitó a su segunda toma de posesión como presidente. La fundación, era consultora  de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los Estados Unidos (AID) y en Nueva York me habían señalado esos dos destinos.

En medio de mi trabajo, vine a Guatemala. Un viernes 13 de noviembre, fecha emblemática por el levantamiento de los oficiales que posteriormente constituyeron las primeras guerrillas en nuestro país.

Ese viernes, el gobierno, decretó estado de sitio y toque de queda a las 21:00 horas.  Esa mañana capturaron al doctor Alberto Fuentes Morh y  gestioné en la Embajada, ya sin amigos, por ser asesor de programas de una fundación estadounidense, gestiones para que abogaran por  el detenido. Ignoraba que a las 21:00 horas, me capturarían a mí.

A propósito de cateos aparatosos, el mío no fue una excepción. Policías y soldados sobre la terraza, un bus de los llamados pájaros azules, exclusivo para mí. Un jeep artillado al frente y una patrulla atrás para trasladarme al segundo cuerpo de la policía nacional.

En mi casa vivía el hermano de mi esposa, que recién graduado de oficial y soltero, destacado en la zona de Jutiapa vivía en mí casa. En su dormitorio  sus uniformes y prendas militares. Un policía que me reconoció y era jefe del operativo me dijo más o menos… Qué prefiere, que le ponga los uniformes como justificación de la captura y su cuñado aclare la situación o si no, me vería precisado a ponerle alguna otra cosa con el mismo fin… Pero usted nos acompañará de todas maneras esta noche. Frente a la posibilidad que me pusiera una granada…preferí los uniformes.

Al día siguiente me llevaron a un tribunal… era oficial del juzgado,  el joven estudiante Buitrón Espinoza… muy querido mío y hoy ejecutivo del más alto nivel de la industria azucarera. Frente a él me espetó… Ala puchis vos, me dijo, muerto de la risa, con este parte en los Estados Unidos te hubieran chamuscado en la silla Eléctrica… El parte decía… por tenencia de pertrechos militares (los uniformes militares)…Objetos del Estado (los mismos uniformes militares) Uniformes militares (desde luego…los mismos uniformes)… en consecuencia se presume que ha participado en múltiples secuestros, actos terroristas y muertes… Mi cuñado, no obstante las amenazas vino a declarar y Buitrón me dijo todavía muerto de risa… mañana ordenamos tu libertad… y efectivamente así lo hicieron.

A la mañana siguiente… llegó mi orden de libertad y la ignoraron. Me secuestraron adentro de la cárcel para remitirme a otro centro de detención, solo que sin reconocer mi detención ni asignarme juzgado. Mes y medio después, incomunicado y en piojosa bartolina me liberaron. Detenido, por medidas de seguridad y negaban mi detención ilegal. Otro día les contaré los detalles de esta odisea. Gracias a la señorita, en aquella época, Aurita Vargas Cordón, de Teculután, después de negarme oficialmente, aceptaron mi detención y que se me practicaran los recursos de exhibición personal pertinentes.

Cuando me dieron libre,  a Fuentes Morh ya lo habían liberado antes. De esas experiencias… los guatemaltecos… no las nuevas generaciones, ya tenemos experiencia. Siempre la represión tiene como presentación una sonrisa, hasta que da el guamazo en nombre de la justicia.

Casi siempre comienza, cuando tiene suerte, cuando tomado del el brazo escucha las tétricas palabras…“Me acompaña por favor”.

.
.