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NUEVO

 

La nominación que ha hecho el ejecutivo estadounidense sobre el perfil del nuevo embajador estadounidense en Guatemala (pendiente aún de ser ratificado por el Senado) envía un clarísimo mensaje.  La percepción confirmada es que Guatemala no es sino un caso de Narco-Estado.  Ni siquiera México ha sido receptor de un embajador estadounidense con ese perfil.  La actual embajadora de EEUU en México es una especialista en integración regional.  El mensaje para Guatemala la verdad, debe dar pena y es muy grave. El interés de la nueva gestión diplomática recae no sólo el tema de corrupción, sino sobre el narcotráfico y delitos conexos.  Los estadounidenses no pueden permitirse que el narcotráfico se institucionalice en las aduanas o que el narcotráfico consolide procesos corporativos a nivel de la Secretaría de gobernación (por dar dos casos).   En pocas palabras, el Partido Patriota hizo todo lo posible por transformar al país en un entorno amigable al trasiego, otorgó protección institucional y facilitó el paso por las aduanas.

La estrategia hacia América Central viene dirigida por el general retirado John F.Kelly, quien conoce Centroamérica muy bien dado que fue Jefe del Comando Sur.  Eso no quiere decir que la agenda es militarización perse, pero el estilo de gestión es muy claro: Un estilo menos político, menos diálogo y más frontal para dar instrucciones.  Se debe mencionar en esta cadena de perfiles a William Brownfield, secretario asistente del  International Narcotics and Law Enforcement Affairs.  El rol que juega la DEA en cada país para recabar inteligencia e intervenir en operaciones conjuntas (o de forma unilateral) sigue vigente y a eso, agreguemos, un futuro embajador que conoce perfectamente los procesos.  Lo que quiere decir es que toda la maquinaria del gobierno estadounidense tiene el interés de incidir por vía de adquirir inteligencia, tener agencias de reacción y usar los mecanismos de cooperación establecidos.  En esencia,  será una agenda que dialoga menos.

Es claro que Estados Unidos utilizará los mecanismos existentes en cada país de la región para apretar en la agenda. La amenaza de la descertificación, la exigencia de extradición,  y en términos de su relación bilateral mostrará molestia pública en nombramiento de ministros o vice-ministros (serán más invasivos en cuanto a actos soberanos de los Estados). Cuando convenga, utilizará a la DEA para hacer operativos en conjunto ( o unilaterales).  El modelo está más orientado a tres tipos de formas para incidir: a) mayor cantidad de operaciones del tipo ´operación Martillo,  2) la experiencia de CICIG en Guatemala ( que le permite carta abierta para depurar todo un sistema)  y,  3)el caso del grupo Rosenthal en Honduras donde la DEA literalmente se trae abajo a dicho consorcio por presuntamente colaborar en blanqueo de capitales.

Hay que saber leer el mensaje: Se terminaron los tiempos de jugar a narcos, se terminan los tiempos de saqueos sistemáticos del Estado.  La estrategia estadounidense no cambia.  ¿Y por qué habría de hacerlo?  Ha sido muy exitosa. Puso a un presidente tras las rejas, pudo acabar con las aspiraciones presidenciales de un caudillo,  logró poner en condición de extraditable a la ´mujer fuerte´ del anterior gobierno y ´cuadró al sector privado´ más radical del continente (entre otros aspectos).

Agreguemos que las complicidades empresariales con Marjorie Chacón ( ´La reina del Sur´)  aún están por revelarse y eso debe generar otro cisma. Se cierra el telón y la obra nos presentó lo que pasa cuando la burocracia de alto nivel y empresarios relevantes deciden jugar o coludirse con el narco.   Ah, por cierto, dos años más de CICIG e Iván ´el terrible´.

La agenda está trazada.  Menos mal.

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