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Me refiero a algunas ideas recientemente aireadas sobre relación entre trabajo y familia (Academy of Management Journal, junio 2017), porque es claro que la ilusión por el propio trabajo ayuda a hacerlo mejor y aumenta la productividad. Sin embargo, con frecuencia se asocia esta motivación con un sentimiento exclusivamente individualista de satisfacción personal, de estar haciendo lo que a uno le “llena” o le “realiza”. Por ejemplo, en las clases a estudiantes sobre su futuro trabajo suele decirse que que “ustedes disfrutaran de su trabajo si logran el puesto de sueñan”.

Y no es que eso sea “malo”. Pero existen otros tipos de alicientes que pueden ser también muy efectivos desde el punto de vista de la productividad. Según el estudio citado, los empleados que sienten que su empleo es importante para el sostenimiento de su familia trabajan más y mejor que los que no tienen esta motivación: la familia.

Como ejemplo, el estudio se centró en personas que trabajaban en empresas de México, junto a la frontera con Estados Unidos. Ninguno tenía una “motivación” personal: incluso su labor no les parecía interesante. Sin embargo, los que manifestaron un mayor grado de compromiso familiar eran mucho más productivos que los demás: hombres y mujeres.

También, señala el estudio, que no se trataba sólo de los que estuvieran más necesitados de dinero; además de la recompensa del salario, los empleados con mayor responsabilidad familiar señalaban que trabajar bien reforzaba su concepto de sí mismos como padres o hijos responsables, y como modelos de conducta para el resto de la familia. Además, esa responsabilidad familiar equipa contra el desaliento o la desidia.

Sobre la conciliación de la vida familiar y laboral se ha escrito mucho y en muchos países es una cuestión prioritaria en el debate político por su repercusión social. Y es algo  de interés para todos pues facilita  a mujeres y hombres el tener hijos, cuidarlos y educarlos y, además, tener un trabajo remunerado que garantice recursos suficientes para proporcionarles una buena calidad de vida y el máximo bienestar material posible… sin tener que renunciar a nada en el desarrollo de la propia carrera profesional.

Estamos ante un conocido problema para el que algunos piensan que no hay solución… pero que si la hay,  si lo miramos con ojos nuevos y lo abordamos desde otras perspectivas: somos capaces de encontrar también nuevas soluciones. Es el asunto abordado recientemente en un informe publicado por el think tank Milenio, y que exige repensar las políticas, en ocasiones mal llamadas, de conciliación ver algunas ideas: aceprensa17 febrero 2017).

Los debates en torno a esta cuestión son a veces con mucha carga ideológicas y centrado excesivamente en los derechos laborales de las mujeres. Pero la conciliación no es un problema tan exclusivo; es una cuestión de Estado, que además corresponde resolverlo entre todos. Es principalmente un problema personal, aunque también social y por ello debe hablar de corresponsabilidad de todos los implicados: miembros de la familia, agentes públicos, empresarios…. Y podemos.

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