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El domingo 25 de junio tuvimos la oportunidad de celebrar el Día del Maestro. En Guatemala se conmemora en esa fecha para honrar que en 1944, durante el gobierno dictatorial de Jorge Ubico, la maestra y dirigente gremial, María Chinchilla, originaria de Asunción Mita, Jutiapa, fue asesinada durante una manifestación pacífica contra dicho gobernante.

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La celebración del día de tan loable función, es un justo reconocimiento al papel que el maestro cumple en la sociedad, ya que no puede concebirse ninguna profesión u oficio formal o informal, sin el papel de un educador para formar el conocimiento. La tarea del maestro no es fácil, pues forja vidas, su mal desempeño lleva al fracaso a sus alumnos, pero su buen desempeño los lleva al éxito, cuando se constituyen en verdaderos guías y facilitadores del aprendizaje.

El diccionario define la palabra maestro como la persona que enseña o forma, especialmente aquella de la que se reciben enseñanzas muy valiosas. Y es que realmente los docentes son seres extraordinarios que no sólo transmiten conocimientos, sino que además brindan amor, cariño, apoyo, comprensión y orientación a sus alumnos.

Sin embargo, algunos maestros en ejercicio y en proceso de formación, cargan actualmente una serie de demandas y expectativas derivado de las exigencias del mundo globalizado, lo que reclama la renovación o transformación del proceso enseñanza-aprendizaje con una orientación inclinada a las condiciones contemporáneas y en torno al valor de la tecnología.

Los maestros que ejercen deben responder en el corto plazo a esos desafíos, por eso es necesario su actualización con el afán de buscar su superación profesional para que brinden una formación integral, pertinente y de calidad a sus alumnos.

En términos generales, se puede decir que el buen maestro, debe tener vocación y reunir una serie de atributos, entre ellos seguir estudiando para estar a la vanguardia, pues de su calidad educativa dependerá la formación que reciban las personas en las aulas de clase.  El maestro es sin duda una pieza principal en la formación de las generaciones futuras.

La labor magisterial, es de vital importancia en una colectividad, porque sin maestros no hay progreso, es por ello que la clave para una mejor educación es la dignificación de la tarea que desempeñan los maestros y que nos corresponde a todos apoyar, conscientes que el futuro del país depende, en buena medida, de la labor que efectúan.

Debemos estar conscientes que la educación contribuye al bienestar social y al crecimiento económico; pero además permite nivelar las desigualdades económicas y sociales, elevar las condiciones culturales de la población, pero especialmente favorece el avance democrático y fortalecimiento del Estado de derecho, no obstante, esas aspiraciones no se consumarán, sin la figura del maestro como actor decisivo para el futuro de toda la sociedad.

¡Gracias maestros por asumir con responsabilidad el rol de enseñar!

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