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El término no nació originalmente para aplicarse a las relaciones de cooperación regional entre Estados Unidos y América Central.  El término, ´Plan para la prosperidad´ en realidad se acuñó a inicios de la década del año dos mil y conformaba la estrategia diseñada en conjunto por los países que conforman la zona regional denominada América del Norte.

La intención de este mecanismo de cooperación era fundamentalmente comenzar a reducir las asimetrías entre EEUU, Canadá y la contraparte mexicana.  Si México tenía deseos para profundizar una integración económica y política con sus dos socios comerciales, debía entonces iniciar un proceso profundo de inversión en materia de infraestructura.  El plan tendría carácter regional y aunque los Estados Unidos aportarían financiamiento, México sería además financieramente responsable de realizar los aportes necesarios.

El diseño de este mecanismo busca enseñar algo que por lo general se pierde de vista en las relaciones de cooperación: corresponsabilidad. El mensaje entonces al diseñarse una estrategia enfocada a Centroamérica que lleva el mismo nombre y además la misma esencia, es que los gobiernos centroamericanos sepan que Estados Unidos tiene en efecto un compromiso para estabilizar la región y para colaborar en la construcción de sistemas políticos estables.  Pero, a diferencia del pasado,  los países receptores de la agenda son directamente co-responsables de su financiamiento.

En la lógica del mecanismo, los estadounidenses consideran que esto obligaría a las contrapartes eentro-americanas a ser más responsables.

El mensaje es muy claro.  La migración centroamericana es un problema para EEUU. Incluso, para México.   En términos de que al momento, el flujo neto de migrantes mexicanos hacia EEUU es de 0% pero los flujos migratorios que provienen del triángulo norte se mantienen latentes.  Como zona regional, la violencia del triángulo norte tiene tintes africanos. La estabilidad de sus gobiernos se pone aún en tela de juicio, cómo también la capacidad de construir políticas públicas efectivas.  En cuanto a lo anterior, el combate a la corrupción es uno de los ejes tan medulares de la estrategia al punto que se transforma en el gran hilo conductor de este proyecto.

Es imposible que gobiernos corruptos puedan construir condiciones socio-económicas dignas para sus ciudadanos.  El Congreso de los Estados Unidos aprobó hace unas semanas fondos por US$655 millones para la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte centroamericano. A esos fondos, hay que sumar  la Iniciativa de Seguridad Regional en Centroamérica (Carsi, por sus siglas en inglés), por US$329,2 millones, para toda América Central. Por su propio lado, El Salvador, Honduras y Guatemala han presupuestado colectivamente 5,3 mil millones de dólares para la iniciativa en los últimos dos años, incluyendo 850 millones de dólares en préstamos del BID.

Esto es una muestra –al menos en el papel-  de que el compromiso es a largo plazo y sin importar quien esté en el gobierno,  esto se transformará en un eje medular de la política pública de los frágiles Estados centroamericanos.

Hay otros socios regionales, como México, quienes también se suman a esta iniciativa.  Esto es interesante.  Pareciera de alguna forma que los Estados Unidos vuelven a utilizar a México cómo un instrumento de interlocución natural en su ´patio trasero´.

Veremos cómo se desarrolla todo, pero este plan – diseñado durante la administración Obama-  se mantiene como un eje en el gobierno del presidente Trump.   Y este diseño puede ser que requiera no sólo prolongar el modelo de CICIG en Guatemala sino también, en el Triángulo Norte.  En pocas palabras, la tutela estadounidense sigue presente.

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