Home > Columnas > La persona correcta
COLUMNISTA

En países como Guatemala, en el que abundan los bienintencionados que desean hacer cambios profundos, he notado un común denominador, «¡Yo conozco a la persona correcta!».

Evidentemente sin ciudadanos capaces es imposible llevar a cabo ningún cambio, pero no podemos obsesionarnos con la persona correcta. Los humanos no somos perfectos, miles de veces hemos visto ejemplos de buenos individuos, capaces y con buenas intenciones, que luego de llegar al poder se convierten en monstruos y tiranos. Y en el mejor de los casos, no logran hacer nada de lo que prometieron que harían antes de llegar al poder.

Para hacer las cosas bien, no solo se necesita tener capacidad y buenas intenciones, se necesita liderazgo, visión, capacidad de delegar, rodearse de un buen equipo y, sobre todo, humildad para reconocer los errores. Como bien dice el dicho, «El camino al infierno está plagado de buenas intenciones». Si con buenas intenciones se cambiara el mundo, seguramente ya seríamos un mundo mejor, la mayoría de personas que conozco tienen buenas intenciones.

Lo preocupante es ver como esas personas bienintencionadas no dudarían ni un minuto en acabar con las pocas instituciones que aún nos quedan en este país, con tal de llevar al poder «la persona correcta». Y esto sucede en ambos lados de la esfera política nacional. Están obsesionados por que gobierne a la persona correcta.

Nadie en su sano juicio puede negar que se necesitan reformas y cambios integrales. Y evidentemente mejor liderazgo, pero cambiando la cabeza no se soluciona nada si tenemos un cuerpo débil y enfermo.

El problema de hablar de instituciones, es que es un tema abstracto. A la buena persona la conozco, me han hablado de él, he almorzado con ella, es amiga de mi hermana, era el mejor de la clase, etc. A la buena institución, la gran mayoría de guatemaltecos no tenemos la capacidad de reconocerla hasta que necesitamos de ella. La buena institución es aquella que garantiza que las cosas funcionan, independientemente de quién sea la persona correcta.

El principal problema que se da al buscar a esta persona, es que cada uno de nosotros tenemos una idea distinta de lo que significa ser «la persona correcta». Para una persona enferma y sin recursos será quien le ayude a pagar sus gastos médicos, sin importar que esa persona sea un narcotraficante. Para una persona de izquierda será quien acabe de una vez por todas con el ejército y cuadruplique los impuestos a los empresarios. Para un mercantilista será quien le otorgue más privilegios a él y a sus amigos, para un conservador será quien prohíba la homosexualidad. Para un libertario, será quien reduzca el tamaño del estado, y así sucesivamente. Estos ejemplos, si bien un poco radicales, son tan sólo una mínima muestra de lo que para cada uno de nosotros significa ser la persona correcta.

Por lo tanto, que tal si dejamos de buscar a esa persona y nos concentramos en hacer cambios estructurales e institucionales, que no dependan de la persona que llegue al poder.

.
.

Leave a Reply